El pasaporte Covid porque hay Covid

OPINIÓN

Una persona muestra su certificado o pasaporte covid que se puede llevar en el teléfono móvil y es válido dentro de la UE
Una persona muestra su certificado o pasaporte covid que se puede llevar en el teléfono móvil y es válido dentro de la UE COMISIÓN EUROPEA

28 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

I.- Introducción:

En los momentos más críticos, ya pasados, cuando las personas morían a miles por el virus de la pandemia, ya se anunció que éste iba a permanecer entre nosotros durante largo tiempo; incluso se llegó a decir que había que prepararse para convivir con él y con la pandemia, tal como había ocurrido otras veces y con otras pestes, diferentes aunque parecidas. Parece ser que vamos camino, en estos momentos, de un repunte de la «ola pandémica», que se cuenta, por los especialistas, con la número seis, que parece no tener la gravedad de las anteriores, siendo natural que, a medida que se repiten las «olas», sus efectos vayan decayendo, y que el virus demuestre una capacidad de readaptación en cada ola.

Digamos, pues, que la actualidad del llamado «pasaporte Covid» está relacionado con ese volver y volver (re-volver) de la Covid-19, si bien, hasta el presente momento, sin inquietante gravedad, aunque merecedor, por prudencia, de un seguimiento vigilante. En el caso de que la Covid-19 hubiese desaparecido ya de nuestro horizonte vital, naturalmente, no tendría sentido hablar o escribir de tal pasaporte. Mas el llamado «pasaporte Covid», además de su genuina necesidad o función, consistente en ser un freno con el que atajar la nueva ola, y para que ésta se contenga, cumple otra función, ésta muy  muy complicada.

El «pasaporte Covid» es también medida incentivadora y de impulso a la vacunación masiva y voluntaria, habiendo aún en España, -se calcula- cuatro millones de no vacunados, y siendo numerosas las personas, como en otros Estados de Europa, que, bien niegan la eficacia contra el virus a la vacunación, bien la culpan de otros daños colaterales importantes a la salud de las personas.. Y el negacionismo de los anti/vacunas está, por un lado, entre el respeto a su libertad de pensamiento, y por otro, en la insolidaridad grave que ello puede suponer militar y alardear de ser contrario a la vacunación masiva. Se puede pensar lo que se quiera, hay libertad, pero la realidad es terca: los no vacunados son los más expuestos a la muerte y a la hospitalización. Y el problema de los no vacunados no está en la ideología, sino en los contagios mortales.