Una de las diferencias entre Mariano Rajoy y Pablo Casado —quizá la más pequeña— está en las mujeres de su partido. Rajoy podía presumir de estar rodeado de un grupo de señoras de primer nivel, fieles a su persona y a su obra. Ahí están los nombres de Ana Pastor, Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores de Cospedal, Fátima Báñez o Carmen Martínez de Castro, por citar algunas de las más significativas. Entre algunas de ellas, sobre todo entre dos, había competencia, hubo también historias de secretas peleas, pero jamás llegaron a plantear conflicto público.
Pablo Casado no tiene la misma fortuna. Si algún conflicto interno le quita el sueño, es el que no sabe resolver con dos destacadas mujeres que hoy figuran entre las más conocidas del ámbito político español. Desde luego, más conocidas que muchas de las ministras de Sánchez. Son Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, diputada díscola que tiene abierto expediente por romper la disciplina en la votación de los nuevos magistrados del Tribunal Constitucional. Si no tiene pesadillas con ambas, debería tenerlas.
Lo de Díaz Ayuso está escrito y digerido por la opinión pública. El último episodio se produjo el sábado, en la manifestación de policías y guardias civiles: Ayuso tuvo prisa por asistir y retirarse y Casado no tuvo ninguna prisa por llegar, así que no coincidieron. Fue tan visible el ansia de no salir juntos en la foto que la reseña de esa distancia fue más resaltada que la manifestación misma. Ahora solo les faltaba el dictamen de Iván Redondo, que no manda, pero escribe: si Díaz Ayuso fuese hoy la candidata en unas elecciones generales, tendría más votos que Casado. Y, unida a Vox, se pondrían en 202 escaños, 14 más que el bloque que aprobó los Presupuestos.
Cayetana Álvarez de Toledo tiene menos clientela popular, porque es más intelectual, pero tiene una lengua que da latigazos cuando la suelta. Presentó su libro, habló en la prensa y cada día lanza un ataque despiadado contra Teodoro García Egea que suena a venganza fría. Respecto a Casado, explicó que trabaja para que llegue a la Moncloa, pero no creo que disfrute del beneficio de la credibilidad. En todo caso, es otra piedra en el zapato de la dirección del PP. Y, encima, habla bien de Ayuso, aunque no formen equipo ni participen en esa «conspiración contra Casado» que se sugiere desde despachos de Génova.
Dos mujeres brillantes, dos boquetes en las paredes del PP. Una solo busca ser presidenta del partido en Madrid, pero Génova la ve en lo que dice Iván Redondo. La otra quizá no quiera ser más que ideóloga reconocida, pero es demasiado libre, «portavoz de sí misma», se alegó para cesarla como portavoz parlamentaria. Ambas representan hoy los corazones rotos del Partido Popular. Y ante cada una de ellas, Casado solo puede cantar la copla: «Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio…».
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