La contumacia catalana

OPINIÓN

16 dic 2021 . Actualizado a las 09:26 h.

La contumacia es la perseverancia en el error, que el refranero asimila a la idea de que «nadie hay tan ciego como el que no quiere ver». Y ahí anda el independentismo catalán, que, obligado a dar explicaciones sobre la incipiente decadencia de Cataluña, busca culpables en todas partes menos en el Palau de la Generalitat, donde está instalado el único pesebre que compite en fama y en heno con el pesebre de Belén —toque navideño a gusto del articulista—, donde María, después de parir a su niño, «pannis eum involvit, et reclinavit eum in praesepio» (San Lucas, 2,7).

Esa contumacia les ha llevado a creer que Teruel existe, pero España no. Que Cataluña tiene una lengua propia, que le da su prosapia histórica, pero Castilla no, porque toda la Reconquista, el imperio y su universal literatura la hicieron por señas, o en inglés. También creen que los hechos diferenciales circulan por vías de sentido único, de forma que, cuando el hecho diferencial favorece a Cataluña, es justo e histórico, pero cuando viaja en dirección contraria —es decir, cuando Madrid lo hace mejor— el hecho diferencial debe ser placado por el Gobierno central, que para eso lo tenemos. Y lo que más les gusta es creer que, cuando una empresa se instala en Barcelona es porque va buscando europeísmo y laboriosidad, mientras que si prefiere Madrid, se debe a que al capitalista le gusta más el chotis que la sardana, o porque le encanta el olor a ajo que sale de los pucheros de Lavapiés.

En la última encuesta del Institut de Ciències Polítiques i Socials, adscrito a la UAB, se ve que el independentismo radical sigue perdiendo adeptos, hasta situarse en torno al 39 %, mientras los que creen que Cataluña debe permanecer en España son ahora el 53 %. Pero se ve, sobre todo, que solo al 29 % de los encuestados les gustaría crear un Estado independiente (en el 2015 eran el 34 %), y que solo el 8 % de los catalanes creen que la secesión va a tener éxito (en el 2015 lo creían el 17 %) y que Cataluña será algún día una república independiente. Por eso debemos preguntarnos por qué mantienen su error estratégico y bucean tanto en la contumacia.

La respuesta es evidente: porque la mayoría de los catalanes creen que la revuelta secesionista potencia el chantaje al Estado; que deja muchos beneficios en Cataluña, y que el pacto final con España les va a compensar de todas las pérdidas que sufren ahora. Y es esa llama de esperanza la que les obliga a buscar enemigos por todas partes, a disparar contra Madrid y contra la estabilización del proceso autonómico, y a no integrarse en una gobernanza compartida que les conduzca a las mismas mesas en las que se sientan entre 15 y 16 de las 17 autonomías que existen en España. Por eso creen que Madrid es un paraíso fiscal insostenible, y que Cataluña debe tener un sistema de cupo que no disfruten las restantes autonomías. Porque no se dan cuenta de que son ellos los que guardan en cedazos la liquidez de sus impuestos. Y porque nadie es más ciego que aquel que no quiere ver.