Mocedá y asturianu

Mario Díaz Fernández

OPINIÓN

Asistentes a una manifestación por la Oficialidad del asturiano
Asistentes a una manifestación por la Oficialidad del asturiano Europa Press | Jorge Peteiro

30 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Esto no es un manifiesto a favor de la oficialidad. Es un texto que reivindica que la voz de los jóvenes asturianos se haga oír, en tiempos en los que la oficialidad está en boca de muchos. Es mi historia con el asturiano y los idiomas en la educación, que parcial o completamente representa a muchos estudiantes como yo. Es una cuestión de cultura, educación y derechos.

El asturiano no es mi lengua materna, porque no crecí escuchándolo mayoritariamente, aunque mi abuelo Fangio aún lo habla. Sin embargo, mi padre siempre nos inculcó a mi hermano Manu y a mí la importancia de aprender y hablar una de las lenguas de nuestra región. Por eso, en tercero de Primaria, a mitad de curso y siguiendo el ejemplo de mi hermano, decidí por mi propia cuenta que quería estudiar llingua en el colegio, y así lo hice, hasta terminar el ciclo escolar. Fue una de las mejores decisiones de mi vida, porque además de conocer gente fantástica, disfruté hablando y conociendo en profundidad otro idioma.

Sin embargo, al llegar al instituto, fui uno de los engañados que se creyó que el francés nos iba a abrir muchas puertas en el futuro y lo escogí antes que el asturiano. Y fue sin duda una de las peores elecciones de mi vida. Estuve tres años sufriendo y desencantado. Hoy en día, más del 75% de los alumnos que fuimos a francés en tercero de la ESO no sabemos si gauche es izquierda o agacharse. Por si fuera poco, en cuarto de la ESO me desapunté de francés, pero mi madre (a la que quiero con todo mi corazón) me obligó a ir a la Alianza Francesa a cambio, lugar donde, sin ánimo de crítica, se desprende un clasismo exacerbado.

La elección del francés no solo fue desastrosa para mi estado de ánimo, sino que tuvo efectos devastadores para mi conocimiento del asturiano. El progreso alcanzado durante cuatro años en Primaria se evaporó a medida que pasaron los cursos de Secundaria. Por si fuera poco, en cuarto de la ESO, traté de cursar asturiano como asignatura optativa, al igual que otros compañeros, como mi amigo Bruno, que lo puede verificar, pero mi instituto, el IES Astures de Lugones, no nos dio la opción de estudiar la asignatura por ser «pocos alumnos».

Pagué cara la jugada del francés y ante esta situación, decidí introducir el asturiano en mi vida cotidiana, para familiarizarme con él y no perder el contacto. ¿Qué me encontré? La burla sistemática de mis amigos. Recuerdo perfectamente una tarde en La Boina, un bar de Lugones. En una charla que manteníamos, yo utilicé el asturiano, lo cual fue objeto de risas y burlas por parte de mis amigos. A partir de ahí, de manera poco valiente, no utilizo mucho más el asturiano, por miedo a los juicios ajenos, y lo único de lo que fui capaz es de cursar asturiano en Segundo de Bachillerato, 45 minutos a la semana. Que alguien me explique cómo se puede desarrollar los conocimientos de una lengua (la propia de la región) con ese tiempo, un tercio y un cuarto del dedicado al francés e inglés, respectivamente.

Me encantaría escribir este texto en asturiano, pero no conozco todas las palabras utilizadas y no quiero usar el traductor, precisamente porque quiero ser sincero y reflejar la cruda realidad. Muchos jóvenes asturianos queremos hablar, conocer y escribir el asturiano, pero los prejuicios, la estructura educativa y la ignorancia hace que no tengamos siquiera la oportunidad.

Únicamente me gustaría reivindicar dos aspectos. En primer lugar, que los estudiantes no elijamos asignaturas para tener más oportunidades laborales. La educación tiene que ser el ámbito donde se desarrolle el cultivo personal y cultural y no un laboratorio para crear objetos de mercado. En segundo lugar, una educación pública, gratuita y de calidad, que permita que los estudiantes de asturiano, plástica o cocina medieval puedan cursar la asignatura que eligieron en primer lugar en la matrícula y no tengan que abandonar sus deseos por falta de recursos o por «ser pocos».

El asturiano no es mi lengua materna porque no crecí con él. Es mi lengua adoptiva, porque me acogió después de abandonarlo y me dio la oportunidad de conocerlo.

Mario Díaz Fernández es estudiante de Antropología Social y Cultural