La derrota de las expectativas

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Manuel Ángel Laya | Europa Press

Si las elecciones de Castilla y León se hubiesen celebrado cuando les correspondía, su resultado sería un apunte más entre diecisiete. Aunque hubiera sido el mismo, estaríamos felicitando a Fernández Mañueco, porque le habría dado la vuelta al calcetín y el PP habría sido el partido más votado. Anotaríamos como grave la derrota del Partido Socialista, porque había perdido siete escaños. La subida de Vox habría sido bastante normal, porque se situaba como tercer partido, que es exactamente el lugar que ocupa en el ránking del Congreso de los Diputados. El bajón de Unidas Podemos probablemente se compensaría con la subida en otras comunidades. Los votos de los partidos provinciales de la España vacía serían un fenómeno local. Y los mapas que publican los periódicos pintarían de azul tres de las nueve provincias, pero solo serían significativas si había muchas otras con ese color.

Pero resulta que las elecciones de Castilla y León se celebraron en solitario, concentraron toda la opinión y se obtienen conclusiones exageradas. Y resulta, en segundo lugar, que no solo se votaban líderes y siglas, sino que el Partido Popular propició que se votaran expectativas. Y, como la expectativa era nada menos que el cambio de ciclo vaticinado por Pablo Casado, las elecciones parecieron un desastre para él. La victoria de Mañueco fue calificada por algún comunicador y por Ciudadanos como «un gatillazo». El derrotado no fue el PSOE, sino la estrategia del líder del PP, lo que conlleva la discusión sobre ese liderazgo. Y Vox aparece como un gigante de la política española que será de dimensiones supranacionales si finalmente entra en el gobierno regional como exige Santiago Abascal. Si es así, vayan contando ustedes con titulares en la prensa europea que dirán: «La extrema derecha llega al poder en España». Y al bueno de Fernández Mañueco, y quizá al propio Casado, se les pondrá cara de Orbán y de Le Pen. No se pueden hacer elecciones sobre expectativas.

Pero se hicieron y supongo que la lección será suficiente para que Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, no repita el mismo error. Las elecciones las carga el diablo y las expectativas, que dependen de la soberanía popular, mucho más. En consecuencia, como digo, todo aparece exagerado en los análisis de los partidos y los medios informativos. Y lo más exagerado es trasladar los resultados al ámbito nacional: es una demasía suponer que el 5 por ciento del electorado o de la población —que es lo que significa Castilla y León en el conjunto nacional— es realmente representativo del total del voto español. Es todo tan excesivo como atribuir un fracaso a la formación de Yolanda Díaz, cosa que se hizo, aunque no se presentó, ni siquiera existe todavía. Y hablando de la señora Díaz: también ella es, por el momento, una expectativa hasta que decida descorrer el telón.