En el PP la cosa está tan así que a Pablo Casado le han puesto el agua reparadora en vaso de tubo, recipiente que normalmente se utiliza para consumir bebidas espirituosas. Pero lo que aquí hay es agua, clara y cristalina. El líder del PP bebe sin reparar en el contenido, quizá porque sabe que el sapo ya se lo tragó el domingo, y también sería casualidad que en este vaso hubiese otro anfibio. Casado habla y bebe ante los barones y baronesas del partido para explicarles que esta victoria que se acaba de producir en Castilla y León no es una derrota. A lo mejor ahí está el problema, en que él se lo crea y el resto del mundo se lo crea. Puede que entre palabra y trago esté a punto de pronunciar las palabras Vox y freír espárragos, pero no lo va a hacer. Puede que esté a punto de decir PSOE y venga, a ver qué pasa, pero no lo va a hacer. Si Abascal y Ayuso fueran una espada y Sánchez una pared, está claro dónde estaría Casado. En el tubo. Y el tubo es muy estrecho.
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