El domingo por la noche llovía en Valladolid. Lluvia benéfica para la Siembra, que ese era el lema de Vox, como recordó un exultante Abascal. Lluvia grata también para los partidos del terruño. Pero, como nunca llueve a gusto de todos, en otras casas se maldecían los resultados: en las sedes del PP y del PSOE, en el campo del bipartidismo y en el barrio de la izquierda.
1.- Partidos. Victoria pírrica del PP y derrota agridulce del PSOE. El PP obtuvo su segundo peor resultado de la historia: el 31,43 % de los votos, solo una décima más en el 2019. Hizo un pésimo negocio con el adelanto electoral: en vez de esperar a que los votos de Ciudadanos cayesen en su zurrón, como fruta madura, se los regaló a la extrema derecha. Error no forzado y trueque desafortunado. Mañueco y sus padrinos cambiaron un socio con aires de respetabilidad por el dogal de Vox. Se chafó la estrategia de Casado que, en un triple salto autonómico, debería llevarlo en volandas hacia la Moncloa. Ahora, para mantener el equilibrio en la cuerda floja, tendrá que esquivar los cuchillos internos y tal vez explicar en Europa por qué abrió las puertas de un gobierno a la extrema derecha.
La derrota de los socialistas es también más agria que dulce. Perdieron 4,8 puntos de apoyo y siete procuradores. El sueño de desalojar al PP de la casa ocupada desde hace 35 años, alentado por el CIS de Tezanos, se desvaneció en las urnas. Solo pueden alegar dos mínimos motivos de consuelo. Los peores augurios, que proclamaban el desplome, no se cumplieron. Y la distancia que los separa del PP —1,4 puntos—, si exceptuamos el atípico 2019, es la menor de la historia: entre once y más de veinte puntos en las demás elecciones. Aunque incluso esta lectura tiene un pero: la distancia no se ha acortado por la subida del PSOE, sino por las sucesivas caídas del PP.
2.- Bipartidismo. Malas noticias para los añorantes del bipartidismo. En las elecciones del 2007, los dos partidos que se alternaron hasta ahora en el Gobierno de España acaparaban el 87 % del voto en Castilla y León. El pasado domingo su cuota no alcanzó el 62 %. Las sucesivas incorporaciones de Ciudadanos, Podemos y Vox al escenario político habían quebrado el duopolio. Pero ahora se añade la fragmentación extrema, con la multiplicación de los teruelesexisten, los soriasya y demás taifas provinciales. Una tendencia al cantonalismo que hará difícil, si no imposible, gobernar el Estado.
2.- Bloques. La derecha, los tres protagonistas de la ya histórica foto de Colón, ganó por goleada a los dos partidos de la coalición de Gobierno: 53,56 % a 35,13 %. La brecha entre ambos bloques se ensancha elección tras elección: 11,4 puntos en el 2015, 12,2 en el 2019, 18,4 en el 2022. Pero lo inquietante para un demócrata no es el avance de la derecha en un feudo tradicionalmente conservador como Castilla y León. Lo preocupante es el sesgo reaccionario y protofascista de ese crecimiento por la derecha de la derecha. Y la cómplice pasividad, cuando no complacencia, con que se asiste al crecimiento del tumor.
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