Partido Popular S.A. y la sombra

OPINIÓN

Ayuso y Casado, en una imagen de archivo.
Ayuso y Casado, en una imagen de archivo. Mariscal | Efe

19 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

«No» es una palabra demasiado corta. Aunque su sentido es claro, con una sola sílaba muchas veces es tragada por lo que viene detrás y acaba siendo olvidada. Cuando Nixon dijo aquello de «no soy un chorizo», nadie recordó el «no». Cuando, en niveles históricos más humildes, Javier Fernández dijo que «Asturias no era un lodazal», nadie recordó qué dijo entre «Asturias» y «lodazal». Me pasa a veces en las sidrerías cuando quiero un chupito de orujo sin hielo. Tengo que insistir de manera circense en el «sin», porque el camarero tiende a recordar solo «chupito» y «hielo». Algo así le pasa a Vargas Llosa cuando, en una de sus soflamas sobre las bondades del neoliberalismo rapaz, explica lo que no es: no es una red de «alianzas mafiosas del poder político y empresarios influyentes para, prostituyendo el mercado, repartirse dádivas, monopolios y prebendas». ¿Quién se puede acordar de la negación, con lo bien que sintetiza la frase lo que realmente sí es el neoliberalismo? El PP, sobre todo el PP de Madrid, es exactamente eso: un conglomerado mafioso de poder político y empresarios para repartirse dádivas y prebendas. La capitalidad y la trampa fiscal por la que los ricos se ahorran entre cuatro y cinco mil millones anuales de impuestos garantizan siempre un flujo de riqueza que da para todo eso y que sale de la desnutrición de nuestros servicios públicos. Hay que tener esto en cuenta para entender el show del PP de estos días. Esto y Miguel Ángel Rodríguez, MAR para los amigos.

Lo del PP no es como lo del PSOE de aquellos días en que tiraron por el balcón al soldado Sánchez y se peleaban por la llave de no sé qué puerta, como si aquella llave fuera la Excálibur que diera el trono. Ni como lo de Podemos desde Vistalegre II hasta el fin de los tiempos. Cebrián, Felipe González y el PSOE caoba rompían el PSOE para que gobernara Rajoy. A su manera era una destrucción positiva, rompían el partido para fortalecer el gobierno en el que confiaban. Lo de Podemos era que demasiada gente había leído a Gramsci y demasiada gente tenía la visión del ¿Qué hacer? 2.0. Cuando las gotas de agua son demasiado pequeñas, se hacen bolitas que no llegan a juntarse y empapar. Cosa de pequeñez de pequeños fue todo aquello. Lo del PP no está siendo nada de eso. Rebosan pequeñez y mediocridad, eso desde luego. Pero no martillean el partido como si fuera un disco duro porque quieran apuntalar a un gobierno que crean que asegura sus intereses, como le pasaba a González. El PP es estructuralmente un negocio y una mafia. Los intereses ajenos al bien común, y muchas veces a la ley, son demasiado voluminosos como para que la coacción, el chantaje y la falta de escrúpulos no sean parte ordinaria del funcionamiento del partido - holding. Enemistades internas, clientelismo y codazos por poder o por miserias los veremos en todos los partidos. Pero las historias de espías, traiciones y amenazas del PP son de las que vemos en el cine en películas de bandas mafiosas.

MAR sabe mucho de comunicación pública, de chantajes, de debilidades y engaños. Aznar llegó a la Presidencia de Castilla y León tras la dimisión de Demetrio Madrid por una acusación falsa. Así empezó y así siguió. Pero hay algo más que un talento indudable para el manejo de audiencias. MAR es un radical y un temerario, fuerza las cosas y tantea sus límites. Durante la pandemia estuvo a sus anchas. Ayuso, su última creación, dio bandazos enloquecidos, singularizando a Madrid como comunidad estado asediada por comunistas, yendo a la contra de lo que fuera con un argumento y el contrario. Hubo momentos en que parecía inminente una moción de censura porque el descrédito parecía irrecuperable y otros momentos en que hacían creer que todo les daba la razón. Con tanto bandazo, y con Gabilondo ejerciendo de fraile, fueron desquiciando el ambiente y aprovecharon un momento adecuado para apuntalar su figura como un icono pop para el que la izquierda no encuentra discurso y solo sabe poner cara de fraile escandalizado. Pero fue temerario, no solo por las consecuencias peligrosas en la gestión de la pandemia (no hicieron el daño de Boris Johnson porque solo controlaban la ciudad estado y los demás no hicieron lo mismo), provocó un juego de todo o nada todos los días. Como ahora.