¿A qué tenemos miedo?

OPINIÓN

Un hombre pasa frente a una oficina del paro
Un hombre pasa frente a una oficina del paro Ricardo Rubio | Europa Press

03 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Se está constatando en la actualidad en el mundo laboral un alto grado de temor a las represalias que la patronal pueda desencadenar en caso de conflicto laboral. Es indudable que existen razones más que objetivas que explican ese intenso sentimiento de vulnerabilidad, tales como la existencia de contratación temporal o la realidad de los enormes compromisos hipotecarios de muchas familias trabajadoras, además de los grandes equilibrios  económicos que se tienen que hacer para poder comer y llegar a fin de mes, como consecuencia de los bajísimos salarios que se cobran en la actualidad y el enorme incremento del coste de la vida en los gastos más necesarios e imprescindibles, como los de alimentación, la luz, el gas y otro tipo de impuestos que recaen con toda dureza sobre la gente más vulnerable.

Sin embargo, llama la atención este miedo extremo, considerando que lo máximo que puede ocurrir en caso de grave ofensa a la autoridad empresarial es el consabido despido, ejecución que de todos modos puede llegar al término del contrato temporal o en el caso de que la empresa como ya está siendo habitual recurra al argumento de la reestructuración por «razones organizativas o disciplinarias» (ahora ni siquiera es necesario que haya pérdidas en la empresa, como ejemplifica de forma modélica el proceso de reducción de personal que se está desarrollando en todas las empresas tras la aplicación de las últimas reformas laborales), y que por desgracia para nuestros intereses, se van a seguir aplicando buena parte de ellas, porque si bien es cierto que tras más de 50 reformas laborales desde finales de los setenta, que en esta última no se quita ningún derecho y se mejoran algunos aspectos de forma positiva en materia de contratación, no es la derogación de la reforma laboral, ni siquiera de los aspectos más lesivos, tal y como se dijo y como esperábamos que fuera en realidad.

Los empresarios y las grandes multinacionales van a poder seguir despidiendo de forma libre y semi-gratuita a los trabajadores/as y, si el despido es improcedente, el empresario es el que sigue teniendo la facultad de elegir, entre readmisión, o, indemnización, por lo que nos toca seguir peleando por mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo, en un modelo laboral de explotación, tan injusto como cruel y ello solo se puede cambiar, con la regeneración de nuestras propias conciencias, no aceptando como natural lo irracional.