Ucrania reconfigura la UE

Adrián Vázquez Lázara EURODIPUTADO DE CIUDADANOS EN EL PARLAMENTO EUROPEO

OPINIÓN

María Pedreda

10 mar 2022 . Actualizado a las 09:11 h.

Dos semanas después de la invasión de Ucrania ya podemos afirmar que la Unión Europea ha dado un paso adelante histórico. Como en las grandes ocasiones, ha ocurrido en una crisis; en este caso, en una cruel invasión que machaca a civiles indefensos, a familias, a un país entero.

Sea cual sea el desenlace, la UE ya es otra en su política exterior y de defensa. Sus titubeos iniciales quedaron despejados con el salvajismo que destruye Ucrania. Las decisiones de los 27 —duras sanciones, respaldo con armas a los ucranianos, búsqueda de alternativas para recortar la dependencia energética— no son coyunturales: prefiguran una Europa distinta, más difícil y más consciente de su lugar en el mundo.

Más difícil, porque la UE se ha colocado a la vanguardia de la defensa de la libertad y la vida en Ucrania. La tan injustamente vilipendiada Europa de los mercaderes ha puesto la defensa de los derechos humanos por delante de sus intereses materiales, y sin esperar a EE. UU., cada vez más desvinculado de los lazos atlánticos y más volcado en el Pacífico y Asia. Europa sabe que en esta etapa que se abre debe contar más con sus propias fuerzas y depender menos del paraguas norteamericano.

Eso cuesta dinero, porque es caro avanzar hacia una capacidad militar potente y coordinada, y exige tener ideas claras a la hora de defender las fronteras europeas del este y el sur. Pero, sobre todo, exige un cambio radical de actitud. El responsable de Exteriores de la UE, Josep Borrell, clave —junto a la nueva orientación de Alemania y la heroica defensa de los ucranianos, con su presidente a la cabeza— en el gran cambio que supone poner de acuerdo a los 27, lo acaba de decir a Pablo R. Suanzes: «Los europeos hemos construido la Unión como un jardín a la francesa, ordenadito, bonito, cuidado, pero el resto del mundo es una jungla. Y si no queremos que la jungla se coma nuestro jardín tenemos que espabilar».

Europa es una historia de éxito construida sobre el destrozo de la Segunda Guerra Mundial. Los enemigos de ayer son ahora aliados, forman el mayor bloque comercial del mundo y comparten valores basados en la democracia y la libertad. Con todos sus errores, son un modelo: es natural que los países europeos no integrados en la UE aspiren a estar dentro de ese modelo. Ni la lógica de la guerra fría, ni el chantaje energético, ni la amenaza nuclear —con toda la prudencia con la que hay que manejarla— les harán desistir a ellos de su intento.

Ni a nosotros de tenderles la mano. Su lucha es la nuestra. Nuestro futuro depende del suyo.