Cosechas de guerra

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

ALEXEY PAVLISHAK | Reuters

12 mar 2022 . Actualizado a las 09:52 h.

La historia se empeña en contradecir a Yuval Harari, el gurú superventas que anunció el final de los tres grandes miedos de la humanidad: la guerra, la peste y las hambrunas. En cuanto lo escribió, llegó la pandemia. Todavía no se ha ido esa peste y ya tenemos otra guerra, esta vez televisada en plano selfi, con móviles geolocalizados o geolocalizables: cualquier paisano puede comunicar la posición exacta de una unidad invasora. Ya no tienen dónde esconderse.

Y comienza a despuntar también el tercer gran miedo: la hambruna, al menos en zonas amplias. No solo porque Rusia y Ucrania sean los principales proveedores mundiales de cereal y girasol, sino también por los costes del combustible, que, por ejemplo, ya hacen inviable la pesca. Y porque parece que China se niega ahora a exportar ciertos fertilizantes. No sé cómo se las arreglará el pobre Bill Gates, que ha comprado cien mil hectáreas de cultivo en los últimos años. Una leira equivalente a dos madriles o treinta coruñas. A lo mejor las ha sembrado de trigo o maíz, mientras los granjeros ucranianos siguen cosechando tanques rusos semiviejos. Si no, de dónde va a sacar hoy semillas y abonos para salvarnos.

Me dice un amigo, a propósito de Putin, que tendemos a sobrevalorar la inteligencia de los malos. Es falso que posean un talento mayor, dice: su tremenda ventaja consiste en que no tienen conciencia, y pueden operar sin respeto a los límites que imponen la dignidad humana o el Derecho. Se guían por los objetivos que marca su interés en cada momento. Pero mi amigo asegura que los malos terminan fracasando, porque —añado yo— quien hace el mal pierde la capacidad de reconocerlo. Y el mal termina por devorarlo.