La invasión de Ucrania ha sido bautizada por Vladimir Putin como Operación especial. Como si un equipo de cirujanos rusos estuviera intentando implantar un corazón artificial a un niño en Mariúpol o uno de ingenieros, también rusos, estuviera buscando la fórmula para conectar más rápido y más barato Kiev con el Dombás. En esta Operación especial, un eufemismo elevado a la máxima potencia, se trata de arrasar ciudades hasta no dejar ni un gramo de sus cimientos, ni un átomo de vida. En esas anda Putin, y lo confirma su ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov. Mientras caen las bombas sobre Ucrania, él comparece en Moscú. Los efectos de la presión de Occidente las resume en cuatro palabras: «Vamos a seguir trabajando». Por si hubiera alguna duda de qué significa «seguir trabajando», disponemos de un primer plano de su rostro. Hay gestos que no pueden maquillar lo que intentan edulcorar las palabras. Sí, hasta que alguien los pare, van a «seguir trabajando».
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