El mito antifascista del Kremlin

Pablo Martínez Sánchez PROFESOR DE HISTORIA. ESPECIALIZADO EN RUSIA Y UCRANIA

OPINIÓN

DPA vía Europa Press

«Desnazificar» y «desmilitarizar» Ucrania. Estos eran los dos propósitos principales de Vladimir Putin en su discurso del 24 de febrero pasado para legitimar la invasión de un país. Curiosamente, no era la primera vez que el Kremlin empleaba esta retórica hacia los ucranianos, algo que para comprender tendremos que remontarnos a la Segunda Guerra Mundial.

Durante la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941, una parte de la sociedad ucraniana se unió y colaboró con las tropas nazis, participando en el Holocausto judío. Figuras reivindicadas por el nacionalismo ucraniano actual como Stepan Bandera veían en la cooperación con Hitler la oportunidad para crear su estado independiente. La Organización de los Nacionalistas Ucranianos (OUN), a la que pertenecía Bandera —albergando ideas vinculadas al fascismo—, pensaba que tendría al fin una Ucrania libre, ya que los nazis habían otorgado la independencia a Croacia y Eslovaquia con sus gobiernos profascistas. El führer no estaba por la labor y Bandera, junto con sus seguidores, luchó contra soviéticos —vistos como ocupantes— como contra alemanes y polacos. Pero un gran número de ucranianos combatió en las filas soviéticas contra los nazis, algo que parece no querer recordar Putin.

A través de la historia, el Kremlin invoca el pasado, utilizando el estereotipo de los ucranianos como nazis y colaboracionistas. Incluso, Putin llega a afirmar en sus discursos que el Gobierno ucraniano está compuesto por «banderistas», «drogadictos», y que el Maidán del 2014 fue «un golpe de estado nazi provocado por Occidente». Lo cierto es que durante las protestas del Maidán hubo presencia de grupos de extrema derecha y neonazis como Pravy Sektor y Svoboda. Empero, la propaganda moscovita exageró enormemente el protagonismo de estos grupos, residuales hasta que tuvieron un papel clave en las autodefensas del Maidán. La extrema derecha ucraniana tuvo presencia en el gobierno provisional surgido del Maidán, con Svoboda, pero el Kremlin no quiere recordar que en las repúblicas de Donetsk y Lugansk hay mercenarios neonazis que quieren rehacer el imperio ruso, además de fascistas que siguen las tesis neoeurasianistas de Alexander Duguin. Sin olvidar la cooperación en Crimea con los moteros ultranacionalistas de Zaldostanov, los Lobos Nocturnos. De esta forma, el Kremlin cae en la hipocresía de defender el antifascismo mientras financia al fascismo para conquistar y masacrar a un país.