Vivencias de anteriores tempos: (Hoy es el artículo número 14)

´Ángel Aznárez

OPINIÓN

Pilar Canicoba

17 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El número 13 es el del de «mal fario», el de los males de ojo y los malos agüeros; ante el 13 los pobres de espíritu tiemblan o reculan. Ese nocivo número correspondió a mi artículo, titulado Corriendo la milla, último publicado en el acreditado periódico que lleva el femenino de  «La Nueva». Y la cosa sorprendió, pues en el siguiente, no publicado, seguíamos haciendo un plácido recorrido por la bahía gijonesa, de cerro a cerro, de santa religiosa a santa laica, desde Santa Catalina a Rosario Acuña. Y concluimos en el 13 con la vista del Bella Vista, lugar propicio para el recuerdo del «glamour» francés por lo del Belle Vue. Nada me hizo pensar en tan abrupta ruptura de un único lado…Por cierto que Umbral, el del anís Machaquito, en Las señoritas de Aviñon, escribe lo siguiente, que tanto me recuerda a lo del Bella Vista:

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-«Las señoritas de Aviñón.

-¿Por qué?

-No lo sé.

-Pero esto no es Aviñón.

-Mejor, qué más da. Hay que jugar, hay que confusionar, hay que putrefaccionar».

      Después de ese introito, sólo queda rezar, por otros, el penitencial Confiteor.

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Ya los clásicos y los clásicos jesuitas aragoneses, como el P. Baltasar Gracián, habían advertido de que la Literatura da para sorpresas, siendo a veces como esos conejos salvajes que, ante la presencia del cazador, salen de estampida del matojo o de la guarida en los páramos grises. No se debe olvidar que la «novelística negra», gracias a Paco Taibo II, es más que gijonesa, es regional de Asturias. Por cierto, escribiendo de Literatura, he de confesar mi atasco con el granadino Julio Casares, pues tan pronto pasa de la palabra a la idea, como de la idea a la palabra.  Lo de Casares es parecido a lo que escribió Goya, no precisamente de manera caprichosa, él que tanto supo de barbaridades: «La fantasía unida a la razón es madre de las artes y origen de sus maravillas». ¡Qué mala leche! 

      En los siguientes, números 15 y 16 seguiremos navegando en el buque en pruebas, recién fondeado desde un astillero gijonés, con las buenas compañías del Comandante de Marina y del Alcalde de Gijón, don Ignacio B., que, por estar tan interesado en eso tan fascinante que es lo de la «Monarquía asturiana», no se enteró del destrozo, durante su mandato, del Muro y la Playa San Lorenzo. También la compañía era con los nuevos copropietarios-armadores del nuevo buque, que eran vascos de «casa bien», de Algorta (Vizcaya), pertrechados de utensilios de cocina, fabricados con esmero en la Cooperativa de Mondragón (Guipúzcoa), y que por ser ellos del Athletic de Bilbao eran más de bota que de porrón. Y si en el número 15 nos acordaremos de dos damas ilustres gijonesas, las Lourdes, partiendo del merendero de La Florida, visto desde el barco, en el número 16 ya descenderemos, pisando tierra y polvo, en el entonces Muselin, hasta llegar, por fin, a los «Jardines de la Reina», el gran palmeral, que tantas sorpresas deparará.

      Y entre uno y otro, escribí lo siguiente: 

      «Ignoro las ganas de las lectoras y lectores después de haber leído mi artículo, Corriendo la milla, aquí publicado hace días: si  ganas de sonreír, de sollozar, o ni ‘fú’ ni ‘fa’ (lo más probable). Cuando escribo, no suelo sermonear o hacer recomendaciones a los lectores, para que se tomen en serio las consejas, que es propio de vanidosos y de principiantes. Y dejémonos ya de pistos o compotas, que estamos en tiempo de frixuelos,  de Carnaval. Esta vez, de manera excepcional, recomiendo, para después de la lectura de la Milla, la continuación con el capítulo XXIX de la 2ª parte del Quijote, titulado De la famosa aventura del barco encantado, que es uno de los episodios quijotescos de más risa; no fue casualidad que haya sido ocurrencia de Palmeirim de Inglaterra, antes que de Cervantes…».