Las paradojas de la novela

Cristina Gufé ESCRITORA Y LICENCIADA EN FILOSOFÍA Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

OPINIÓN

XOAN CARLOS GIL

14 may 2022 . Actualizado a las 10:01 h.

Se podría afirmar que la creatividad literaria rompe la noción de género, porque en una gran obra se diluyen sus fronteras. Una poesía no es una novela, pero en una novela puede estar presente la poesía, el ensayo, la ciencia, la filosofía, etcétera. ¿Por qué la novela tiene tantas posibilidades expresivas?

La respuesta la situaríamos en tres principios. El primero sería que en la novela la imaginación campa a sus anchas; se le abren alas a la imaginación para que vuele por los cielos del mundo e incluso los traspase. El segundo, que en la novela los personajes no son de carne y hueso, sino construidos con el material del que se configuran los anhelos humanos. El tercero, que en la novela «la moral descansa».

Los seres humanos no podemos vernos libres de nuestra condición moral, pero el novelista no escucha a la moral, sino que oye cómo se le acerca una sabiduría profunda situada más allá del bien y del mal con el fin de que nos veamos representados en nuestra esencia —algo que se nos manifiesta solo en los sueños y en la comunicación lograda en algunos momentos a lo largo de una vida entera—.

La novela se crea desde el inconsciente y se dirige al inconsciente, aunque respete reglas y sea analizada desde la razón. El autor escribe al dictado y, aunque crea que se ha documentado para lograr la verosimilitud, la verdad ya estaba contenida al inicio de su historia y será más verdadera cuanto mejor estén construidas las ficciones.

Las paradojas de la novela hemos de situarlas en su naturaleza contradictoria que, por ser tan complejo el ser humano, puede alcanzar los abismos callados en los que se mecen nuestras existencias. Los grandes novelistas nos anuncian que seremos salvados, ya que la tendencia inevitable que tenemos a juzgar los actos se va a ver equilibrada por la comprensión que suplican todos los personajes de la novela, ya que solo ahí serán rescatados de las injusticias y las carencias que en la realidad impone la vida. Es un género literario que puede acoger a los otros sin dejar de ser lo que ella es —algo que los demás no logran—, y así, no siendo más que un conjunto de palabras, se nos aparece más real que el despertar de muchos días. ¿Alguien ha dudado de la realidad de Don Quijote de la Mancha? Como escribe Milan Kundera, entre los muchos autores extranjeros que admiran esa obra al considerarla el inicio de la novela moderna, «el novelista no tiene que rendirle cuentas a nadie, salvo a Cervantes».