Garamendi tiene razón. La justicia social la carga el diablo

OPINIÓN

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, durante la rueda de prensa de este martes
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, durante la rueda de prensa de este martes Mariam A. Montesinos | EFE

25 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Garamendi, desde la cúspide de la CEOE, dice que bajar el IVA de la luz es una medida progresista. Será por eso por lo que él la aplaudió, porque es una medida progresista. Dijo que subir los impuestos a las eléctricas, y solo a ellas, era parecido a lo que dice el poema de Niemöller, aquello de los nazis, que primero vinieron a por comunistas y no me importó porque yo no lo era, luego a por judíos y tampoco por lo mismo, hasta que vinieron a por mí. Ya había dejado claro que era un progresista, es normal que se alborote cuando algo le recuerda a persecuciones nazis. Algo así había dicho Elon Musk sobre los impuestos que Biden planeaba para las grandísimas fortunas. «Agotarán el dinero de los demás y entonces vendrán a por ti», dijo para la historia. Ese «ti» somos todos nosotros, pero no se sabe quiénes son esos que se llevarán el dinero de todo el mundo, supongo que «los políticos». Lo importante es que, cuando se planea poner impuestos a los muy ricos, todos estamos amenazados. Hubo mucha coña con la estridencia demente de Garamendi de comparar una subida de impuestos con las persecuciones de los nazis. Pero, hace justo un año, cuando Garamendi apoyó los indultos del Gobierno a los independentistas catalanes, Aznar dijo ceñudo y penetrante que él no olvidaría aquello. Seguro que desde entonces siente en la nuca el aliento helado de la amenaza y por eso se le vinieron esos versos de judíos perseguidos. Musk tampoco dormiría si hubiera recibido la mirada destemplada de Aznar.

Va a llover, decimos a veces mirando el cielo. Va a llover, dicen los economistas mirando detrás del verano, a la altura del otoño. España y el sur están recibiendo mucho dinero de Europa para evitar el desplome de todos, pero ese dinero no es nuestro, hay que devolverlo y veníamos ya de una deuda muy elevada (la que dejó Rajoy, tras vaciar la hucha de las pensiones). La guerra va a durar y sus efectos se van a incrementar, nada menos que en la energía y en la alimentación. El Magreb es un polvorín, pero es por donde pasa todo en la nueva situación. Europa apuesta por que España sea un balón de oxígeno por su posición, pero de momento es una vía de agua de la que ocuparse, justo por su posición. Así que los economistas dicen que va a llover. Y hay que decidir cómo afrontar el temporal.

En una escena de The Walking Dead dos humanos están rodeados por los zombis. Uno de ellos le pega al otro un tiro en la pierna, de manera que queda vivo para servir de alimento, pero incapacitado para escapar. Así, mientras los zombis lo despedazan y se lo comen él pudo escapar. Es uno de los estilos posibles para afrontar las amenazas colectivas. Que unos sirvan de alimento para que otros se vayan de rositas. Ya lo dice el chiste ese manido, no necesito correr más que el oso, me basta con correr más que tú. No es el único estilo. Hay formas más cooperativas, que también encajan con nuestros instintos naturales, sin falta de seminarios sobre Gramsci. En noches de tormenta, los hermanos asustados se juntan en la misma cama. Cuando sucede algo desconcertante, nos buscamos y nos juntamos. En el distópico confinamiento, nos llamamos unos a otros, nos buscábamos en los balcones. Es otro estilo de hacer frente a la tormenta, hacer piña, ser comunidad.