España-OTAN: una relación beneficiosa

Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín MARQUÉS DE LA RÍA DE RIBADEO

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

01 jul 2022 . Actualizado a las 09:26 h.

Durante la pasada primavera se ha conmemorado el cuarenta aniversario de la adhesión de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y se acaba de celebrar en Madrid una cumbre de esta gran organización defensiva occidental. Con este motivo, se ha reflexionado ampliamente sobre los beneficios que para España se han derivado de su permanencia en la OTAN durante cuarenta años. Desde un punto de vista general, esos beneficios podrían resumirse en el elegante lema latino de la organización (Animus in consulendo liber, o «el debate en libertad»), con el que el historiador Salustio se refería a una de las virtudes que explicaban la fortaleza de la vieja Roma: la posibilidad de debatir libremente sobre los asuntos públicos. El lema se introdujo a finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo, siendo secretario general de la OTAN el socialista belga Paul-Henri Spaak, y entonces su significado era claro: que en las democracias liberales de la Europa occidental el debate político no se viera nunca constreñido por la amenaza de la Unión Soviética. No será necesario recordar que en los últimos meses la guerra de Ucrania ha hecho que el lema clásico de Salustio recobre toda su virtualidad inspiradora.

Pero aquí querría más bien referirme a dos beneficios concretos que han resultado de nuestra adhesión a la OTAN: la posibilidad que a partir de 1982 se le brindó al socialismo democrático español de occidentalizarse plenamente y de distinguirse con claridad de los comunistas; y la tan positiva transformación que nuestras Fuerzas Armadas han experimentado desde entonces.

Los partidos socialdemócratas europeos tardaron en ver las ventajas de la organización internacional. La Sociedad de Naciones de 1919 les pareció una especie de nueva Santa Alianza, es decir, un pacto entre fuerzas reaccionarias. Tampoco fueron especialmente activos los socialdemócratas en la promoción de acciones preventivas frente a la amenaza nazi, aunque, ciertamente, tampoco lo fueron muchos conservadores. En todo caso, cuando a partir de 1947 quedó claro que los soviéticos no iban a tolerar ninguna forma de socialismo democrático en los países del Este, los socialdemócratas occidentales habían aprendido la lección y apoyaron la constitución de la OTAN en 1949. Como recapitulaba Paul-Henri Spaak diez años después, tras referirse a los precedentes del período de entreguerras: «Unirse a tiempo para asegurar la paz, a fin de evitar tener que unirse tardíamente para ganar la guerra: he aquí el pensamiento fundamental que inspira la Alianza Atlántica».