El más listo de la EBAU. Filología clásica, igualdad y falibilidad

OPINIÓN

Alumnos se examinan de la EBAU en el campus del Milán
Alumnos se examinan de la EBAU en el campus del Milán Paco Paredes | EFE

09 jul 2022 . Actualizado a las 09:50 h.

Hace años, Carmen Gómez Ojea ganó un premio literario (no recuerdo cuál) y dio en Panorama Regional una respuesta inteligente a una pregunta necia. Le preguntaron que qué le parecía que le hubieran dado aquel premio a una mujer. Ella contestó que no le parecía nada, que si se lo hubieran dado a un chimpancé le hubiera chocado, pero que habérselo dado a una mujer no le parecía nada. Hubo revuelo con eso de que el alumno con la nota perfecta de la EBAU eligiera estudiar Filología Clásica. Que el estudiante con más nota decidiera abrir un quiosco sería raro porque eso no tiene relación con la EBAU. Que elija estudiar Clásicas es como que una mujer gane un premio literario. No debería parecer nada. Hay muchos atractivos en la filología clásica, aunque lógicamente no tiene por qué gustar a todo el mundo. Eso que se llama cultura clásica es un cóctel de artes y pensamiento del más alto nivel que aporta sabiduría y buen trato con la belleza. Carl Sagan compara a la humanidad con un niño huérfano a la puerta de un hospicio que, cuando crece, quiere saber su origen. Todas las culturas contienen algún relato, mítico o histórico, sobre su origen. No hay civilización sin principio. No sabemos ser un huérfano sin venir de alguna parte. La cultura clásica da origen, profundidad y fundamento a esta parte del mundo. El contacto con el latín hace al uso de la lengua que estoy empleando un efecto parecido al de los baños de eucalipto en los pulmones. Desenreda, aclara y explica. Así que ese alumno tenía buenas razones para utilizar el impulso de su envidiable formación y adentrarse en los estudios clásicos. Tan buenas como para estudiar cualquier otra cosa.

Desde hace algún tiempo tengo la imagen del buen periodismo (ese fenómeno menguante) como una parrilla y las redes sociales como lo que está debajo de la parrilla donde caen los churretones de grasa. Las redes sociales no son el país real, sino eso, el lugar donde caen los churretones sucios y sobrantes del país. Pero, aunque así sea, esas plastas de grasa llevan la sustancia de lo que está encima de la parrilla. En cuanto fue noticia que un buen estudiante quería hacer Filología Clásica, empezaron a caer en las redes sociales esos pegotes grasientos que son la versión degradada y sucia del país real. Se insultó al alumno porque su caso era prácticamente una apología pública de la ineficacia y del despilfarro, en un mundo necesitado de «eficiencia». Como digo, son desechos formados de indigencia mental, pero desechos que llevan el aroma de la sociedad real. Mucha gente, sin la zafiedad de los indigentes de la red social, cree que este chico de la EBAU desperdicia su nota y sus poderes estudiando Filología Clásica y cree que debería hacer algo más útil. Y cometen dos errores. Uno es evidente, pero no descuidemos el segundo error.

Se hace algo inútil cuando se tiene una necesidad o una conveniencia y lo que se hace no la soluciona. La actividad inteligente consiste en concatenar actos inútiles que forman un conjunto eficaz para solucionar nuestra necesidad. Por su parte, la disciplina consiste en aceptar actos inútiles sin beneficio que solo colectivamente tienen algún provecho. Se extiende por el sistema educativo la idea de que hay que educar en competencias y no en contenidos. La idea puede ser correcta, si le limamos dos asperezas: sí que hay que estudiar contenidos, las competencias son flores que necesitan una maceta; y, sobre todo, no se debe manejar la idea ramplona de que las competencias son destrezas para hacer cosas ya, inmediatamente. La inteligencia repele la impaciencia. Creer que cada competencia ha de ser una destreza con resultado inmediato ataca la línea de flotación de la disciplina y de la inteligencia. Este es el primer error de los haters del alumno brillante que quiere estudiar clásicas. Solo desde esta visión chambona de la formación que reseca los nutrientes del conocimiento se puede lamentar que alguien tan destacado estudie Filología Clásica.