Érase una vez, La Vega

OPINIÓN

Plaza interior, entre edificios, en la plaza de armas de La Vega, en Oviedo
Plaza interior, entre edificios, en la plaza de armas de La Vega, en Oviedo TOMÁS MUGUETA

26 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Si algo nos ha enseñado la repetición de crisis periódicas desde 2008 es que, catorce años después de meternos de lleno en un entorno de precariedad creciente y sobresaltos socioeconómicos, la capacidad de iniciativa desde el poder público para acometer proyectos de envergadura ha venido muchísimo a menos. Otras urgencias mandan y, además, el daño causado a la propia Administración Pública por los recortes ha cercenado las posibilidades de diseñar y llevar a cabo iniciativas de empaque en el terreno de las infraestructuras, los equipamientos o la transformación territorial. Por múltiples razones económicas, por insuficiente liderazgo, por dificultades organizativas, por los equipos de trabajo reducidos y sin continuidad, por falta de constancia en la consecución de los proyectos, por errores en planificación y diseño, etc., cunde la sensación de inoperancia. En suma, con terminar (y apenas) lo que se diseñó y emprendió hace dos décadas, vamos que chutamos. En el ámbito local y autonómico esa impresión es aún más extendida. De hecho, es difícil contar con los dedos de una mano proyectos emblemáticos en cualquier ámbito que, a diferencia de lo sucedido en las tres décadas precedentes, vayan a dejar huella en cualquier ciudad de nuestra Comunidad. El escepticismo de la ciudadanía cuando le vienen con infografías, planos y trazados ya ha acabado por ser mayúsculo, pues, aunque los proyectos susciten adhesión o contrariedad, la mayoría piensa, en el fondo, que simplemente no se llevarán a cabo.

En Oviedo nos hemos acostumbrado especialmente a esta realidad desde que en 2012 cerraron tanto la Fábrica de Armas de La Vega como, progresivamente, el viejo HUCA. Desde entonces se han sucedido alternativas, propuestas, cumbres y protocolos, que iban a dar como resultado una operación de cirugía urbana siempre prometedora. De momento, lo que tenemos, seamos honestos, es un fracaso sin paliativos de la planificación pública y un problema de mayor orden en dos zonas clave, al Este y al Oeste de la trama urbana. El debate de la Ronda Norte, otro que mueve pasiones, lleva igualmente coleando desde hace dos décadas, y no ha pasado nunca del estudio informativo.

Con estos antecedentes, no se trata de caer en el cinismo ni en desesperación, pero una prudente distancia si cabe mantener con cualquier anuncio de intenciones. El más reciente de ellos es el protocolo suscrito la semana pasada entre el Ministerio de Defensa, el Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo sobre los usos futuros de La Vega, incluyendo la adquisición por éste de una parte significativa del suelo y las construcciones industriales, que pasarían al patrimonio municipal en el que una vez estuvo el terreno. No es el primer protocolo de esta naturaleza, aunque la implicación activa de las tres administraciones y su grado de detalle le dan mayores hechuras en esta ocasión.