Espejos

Álvaro Boro

OPINIÓN

MARTINA MISER

01 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Es un martes lluvioso de un verano que va a coletazos: altas temperaturas imposibles y lluvia, lluvia, lluvia y el cielo gris como esas miradas tristes. No han dado las diez de la mañana y hace horas que estoy despierto. Pienso en esos veranos donde dormía hasta tarde y siempre hacía buen tiempo, o a mí me lo parecía.

Hace unos días escuché una charla de Manuel Vicent, al que siempre hay que escuchar pese a que a veces, como en su opinión hacia los toros, se equivoque. Vicent sostenía que se envejece frente a los espejos y en la cara de los demás: argumentaba que nos hacemos mayores al irnos reflejando cada año en el espejo de la casa de verano e ir borrando la imagen pasada, también lo hacemos cuando vemos a un viejo amigo o conocido y no somos capaces de reconocerle por el paso de los años en su rostro. Para que los espejos de mi infancia siguen reflejando al niño que fui trato de no mirarme mucho en ellos y así no romper la imagen que recuerdan.

En un pequeño cuento que escribí hace ya tanto que por eso lo recuerdo, un hombre al que nada le salía bien en la vida decidía tomar cartas en el asunto y no se le ocurría otra cosa que probar a romper todos los espejos que se encontraba a su paso, quizá en su caso la creencia de los siete años de mala suerte se invertía y por fin empezaban a salirle las cosas bien. Al final todo le salía aún peor y le detenían y pasaba la noche en el calabozo por vandalismo.

La suerte es algo decisivo, para todo, pero no tanto la mala como la buena. ¿Qué es la buena suerte? No lo tengo claro. Pero, ¿qué es la mala suerte? Pues la ausencia de la buena, algo así como la enfermedad,  que es la ausencia de salud. La buena suerte, que también podríamos llamarla suerte a secas, es muy parecida a la felicidad: una ráfaga momentánea que nos golpea y eleva sin saber bien la razón ni el cuándo ni el cómo y muchas veces no somos conscientes de ella hasta que la vemos desde el recuerdo.

Hay un cuento de Gonzalo Suárez que se titula Espejo, es uno de mis cuentos favoritos. Narra la vida de un espejo desde que está en una habitación hasta que es llevado a un almacén de segunda mano, y todo conectado por el amor. La suerte, el amor, la felicidad; todo ráfagas momentáneas y que a la vez pueden ser eternas que nos hacen mejor la vida.