Los rojos no usan corbata

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN · Exclusivo suscriptores

ATIENZA | EFE

04 ago 2022 . Actualizado a las 11:26 h.

En los comienzos de la Guerra Civil, cuando Madrid estaba bajo el control del bando republicano, llevar sombrero o corbata llegó a considerarse como algo elitista, propio de señoritos ricos y burgueses y, por tanto, simpatizantes del fascismo. El miedo de muchos a ser identificados como enemigos de la República hizo que el sombrero prácticamente desapareciera del paisaje urbano madrileño. En publicaciones como Solidaridad Obrera llegaron a publicarse proclamas en contra del sombrero. «Mientras en la calle no se vean monteras, la revolución será nuestra», fue una de ellas. Las quejas de los gremios de sombrereros y sastres no sirvieron para cambiar la situación. Pero cuando Madrid cayó en manos de las tropas franquistas, las tornas cambiaron por completo. Un hábil empresario, dueño de la sombrerería Brave, famosa por calidad de sus prendas, publicó un anuncio en todos los medios con el siguiente lema: «Los rojos no usaban sombrero». El éxito fue total y el sombrero no solo volvió a ser un complemento habitual de quienes siempre lo habían utilizado, sino que muchos que jamás se habían cubierto la cabeza comenzaron a hacerlo por temor a ser identificados como rojos, con las consecuencias que ello tenía en una España gobernada ya por el dictador.

Ochenta y tres años después del fin de la contienda, y en circunstancias que nada tienen que ver con la tragedia de la Guerra Civil, ha bastado que el presidente de un Ejecutivo socialista y comunista como Pedro Sánchez haya recomendado prescindir de la corbata como uno de los métodos sugeridos para ahorrar energía tras la amenaza que supone la invasión de Ucrania por parte de Putin, para que hayan surgido en las redes sociales, con participación incluso de personajes muy populares, grupos que proclaman que, aunque nunca han sido muy partidarios de la corbata, ahora se la pondrán hasta para ir a la playa con tal de llevar la contraria a Sánchez. Tal es el grado de tontería al que hemos llegado en España.

Pero más allá de la frivolidad en torno a la corbata o el sombrero, el verdadero problema se presenta cuando representantes de comunidades autónomas se plantean no cumplir el decreto aprobado por el Gobierno para ahorrar energía en comercios y lugares públicos.«Madrid no se apaga», asegura la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, siempre atenta a cualquier decisión de Sánchez, sea la que sea, para llevarle la contraria. Andalucía y Galicia, gobernadas igualmente por el PP, también han recibido con críticas las normas de ahorro puestas en marcha por el Gobierno, aunque sin plantear en ningún momento la desobediencia.