Cumplir 125 años siempre es motivo a destacar. Quien hoy ha llegado a tal cima es el Hospital-Asilo de Luarca. Ante tales efemérides es obligado expresar gratitud a todas aquellas personas que tanto hoy como ayer han contribuido a mantener en pie esa institución benéfica.
El vetusto edifico sigue dando cobijo a las personas que han llegado al cenit de sus vidas. Un sosegado paseo por los jardines nos descubre los bustos de aquellos que fueron sus promotores, el mármol envejecido de los destacados benefactores obliga a rememorar el fenómeno de la emigración.
De Luarca, de Asturias y de otras partes de España, los movimientos migratorios son un fenómeno social de ayer y que también pervive en los momentos actuales. Especialmente numeroso fue el habido a finales del XIX y principios del XX, con destino al continente americano.
Aquellos años fueron duros para España y para toda Europa, al igual que lo es en la actualidad en otras latitudes del Globo, donde sus pobladores huyen a la desesperada en busca de un auxilio que tantas veces les negamos, pues hay quien los ve como invasores peligrosos, siendo en el fondo nada mas que maltratados por la suerte, igual que lo fueran otrora nuestros vecinos o familiares.
De la extensa diáspora que se fue en busca de las Américas, un porcentaje no pequeño regresó como se fue, con una mano delante y otra detrás, otros echaron raíces, y allí se mantienen sus descendientes, otros hicieron una pequeña fortuna y unas pocas fortunas considerables.
En cualquier caso, todos ellos añoraban sus orígenes, y cuando regresaban ocasionalmente o de forma definitiva, con un cierto capital en las alforjas, siempre se sentían obligados a contribuir en la mejora de sus pueblos de origen. Levantaron mansiones lujosas, como las que salpican toda la geografía asturiana, dando lugar a un estilo propio conocido como indiano, pero también erigieron escuelas, lavaderos, capillas o asilos, como el caso de Luarca.
La gente adinerada de aquella época, y de otras anteriores, se sentían obligados con sus raíces. Sin generalizar, que siempre conduce a equívocos, es notable la diferencia con los tiempos que corren. Los ricos de hoy en día jamás se sienten saciados y en lugar de amparar a quienes sufren carencias su finalidad primordial es engrosar su patrimonio sin límite. Es mas, gracias a artificios, legales o no, intentar contribuir con lo mínimo a las arcas del Estado.
No se les pide que sigan la palabra de Jesús cuando decía aquello de «Anda, vende cuanto tienes, dáselo a los pobres y luego sígueme». Pero un poco de generosidad no les vendría mal.
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