Asturias y democracia okupadas cada 8 de septiembre en Covadonga

OPINIÓN

 El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz (d), acompañado por el jefe del Ejecutivo asturiano, Adrián Barbón (i), en el marco de la eucaristía celebrada con motivo de la festividad del Día de Asturias este jueves en la Basílica de Covadonga
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz (d), acompañado por el jefe del Ejecutivo asturiano, Adrián Barbón (i), en el marco de la eucaristía celebrada con motivo de la festividad del Día de Asturias este jueves en la Basílica de Covadonga Eloy Alonso| EFE

10 sep 2022 . Actualizado a las 11:57 h.

La RTPA debería emitir la misa de Covadonga del 8 de septiembre en blanco y negro. Hace años visité la Alcazaba de Almería y los que tenían a cargo guiar la visita iban vestidos de época, hablaban un castellano con acentos antiguos y diluían las explicaciones en una actuación teatral, entre didáctica e informal. Podríamos añadir el detalle a la misa del día 8. Sería pedagógico que se retransmitiera en blanco y negro y con los políticos y autoridades vestidos en trajes de otras épocas (con el arzobispo no haría falta cambiar nada, su traje y todo él ya es de otras épocas), para recordar a la población cómo eran las sociedades hace mucho mucho tiempo; porque estos Días de Asturias remejidos con Santina y arzobispo ultra forman un engrudo de tiempos antañones de los que dan acidez.

La tradición es la razón por la que la Iglesia reclama actos cíclicos en que el poder político figura subordinado a la jerarquía eclesial en rituales de mucha atención colectiva. Quién puede oponerse a la tradición. Las tradiciones son inofensivas porque, por definición, no tienen finalidad práctica. Son fósiles de actos colectivos cuya función ya nadie recuerda. Son identitarias, están en núcleo del complejo simbólico que nos hace sentir parte de algo mayor que nosotros mismos y que retiene esos vínculos intergeneracionales por los que percibimos nuestra comunidad como algo que pervive en el tiempo. Quién puede enfrentarse a las tradiciones, si son inofensivas y expresión de lo que somos. Desde estas verdades a medias, el arzobispo se cuela a empellones cada 8 de septiembre en nuestra vida pública y hace su numerito carcamal, con asentimiento del poder político, la afluencia gratis que da la tradición y el despliegue habitual de medios. Un chollo.

Todos queremos las tradiciones, pero llevan muchas veces en su vientre valores petrificados de otras épocas. Llevando el respeto a las tradiciones hasta la rigidez, los rituales pueden convertirse en durezas y deformaciones de esclerosis. A veces las conductas y valores vehiculados por ciertas tradiciones crujen con tal estrépito con la sensibilidad actual que parece sensato espigarlas, para apartar lo inservible, y retocarlas en lo que ya no puede actuar de vínculo intergeneracional. En una casa, y dentro de lo inservible, una cosa son los recuerdos y otra la porquería. Deberíamos hacer purgas de vez en cuando en el trastero. Supongo que la tradición ancestral de las Feroes de matar focas hasta que la sangre rodee de rojo las islas merece una revisión. Ahora que se fue con Isabel II su gigantesco simbolismo histórico, habrá más británicos que, al limpiar el trastero patrio, se preguntarán para qué quieren la monarquía. En España estamos dejando siempre para más adelante si llevar de una vez al punto limpio el trasto este del Senado, con lo que ocupa y consume. Si los británicos, ante la desaparición de Isabel II, pueden preguntarse qué hacer con la monarquía, con más razón habrá que preguntarse qué hacer con una oficina para defender el idioma patrio sin Toni Cantó. Y estos son los días de comienzo de curso en los que los profesores y profesoras querrían entrar con remango en el trastero de papeles y programaciones y hacer una limpieza inmisericorde de porquería burocrática.