¿Qué está pasando en el Partido Popular de Asturias?

LuisMi Fernández Berandón

OPINIÓN

El presidente de la Xunta y candidato a liderar el PP, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta del PP de Asturias, Teresa Mallada, durante un acto celebrado con afiliados del PP para exponer su proyecto político, en el Teatro Campoamor de Oviedo
El presidente de la Xunta y candidato a liderar el PP, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta del PP de Asturias, Teresa Mallada, durante un acto celebrado con afiliados del PP para exponer su proyecto político, en el Teatro Campoamor de Oviedo Jorge Peteiro

05 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Al igual que Phil Connors, hombre del tiempo interpretado por Bill Murray, en «Atrapado en el tiempo», los asturianos —especialmente militantes y simpatizantes del PP— parecemos obligados a revivir cada cuatro años nuestro particular día de la marmota.

Y es que, cuando las elecciones autonómicas se acercan, una nueva crisis aflora en el seno del principal partido del centro-derecha.

De este último déjà vu, la más reciente noticia que los medios recogen, mientras escribo estas líneas, es la decisión de María Teresa Mallada de no presentarse al —aún sin fecha, ni tan siquiera seguridad de celebrarse a corto plazo— congreso autonómico de la formación que preside. Mallada facilita y cede, de este modo, a la decisión tomada por la dirección nacional del PP de optar por un nuevo candidato a los próximos comicios autonómicos.

Lo que muchos aún hoy se preguntan es por qué Alberto Núñez Feijóo ha decido prescindir de la allerana para una misión que deseaba acometer.

En los despachos de Génova, por supuesto en el del presidente, nadie duda que la todavía presidenta del PP asturiano es una mujer a la que avalan décadas de compromiso con la formación y una sobresaliente capacidad de trabajo. Afortunadamente Núñez Feijóo no parece guiar sus decisiones por filias o fobias. Es un hombre pragmático, maneja estudios demoscópicos que señalan que, de repetir cartel electoral, la victoria en el Principado, de por sí complicada, se tornaría imposible.

La decisión de buscar un nuevo candidato comenzó a hacerse pública a través de varios dirigentes nacionales — especialmente de Miguel Tellado— a principios de este verano.

Es en este momento donde el gran error en la gestión de María Teresa Mallada al frente de los populares asturianos se hace patente.

La presidenta autonómica permitió la entrada en los órganos de dirección de personas que han acabado por convertir lo que debía ser una pacífica transición en una nueva crisis interna. María Teresa, pese a las advertencias de muchos, decidió confiar en personas que ya cargaban con la responsabilidad de haber sido, desde sus cargos locales, responsables de haber creado importantes problemas internos en sus juntas, conflictos que en algunos casos se materializaron en paupérrimos resultados en las últimas citas electorales municipales.

Son estas personas, conscientes de que ya nada tienen que perder, quienes han buscado aislar a María Teresa. Para ello, no dudaron en enfangar la que era una buena relación entre la presidenta autonómica y el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, comprometiendo, en una estúpida toma de partido, a ediles del gobierno municipal de la capital y a diputados ovetenses del Grupo Popular en la Junta General del Principado. Del mismo modo, se empeñaron, desde su elección como secretario general, en mostrar a Álvaro Queipo ante Mallada como un ambicioso competidor sin más cometido que el de sustituirla lo antes posible; se empecinaron en alejar a los dos principales cargos orgánicos autonómicos, un tándem que, en opinión de quienes conocen a ambos, podría haber funcionado.

Ellos, el pequeño puñado de falsos leales, aconsejaron a Mallada que hiciese oídos sordos ante las citadas intenciones que desde Génova se trasladaban en los últimos meses y que insistiera a los medios de comunicación que se presentaría al próximo cónclave autonómico.

Guiada por tales consejeros, la presidenta del PP de Asturias se ha encontrado en un complicado escenario: la organización que dirige se encuentra divida y, hasta su reciente renuncia, en aparente rebeldía frente a una dirección nacional cuya implantación ella misma apoyó.

Como no podía ser de otra forma, dada su naturaleza, aquellos que mal aconsejaron a Mallada en cuanto conocieron por declaraciones de Núñez Feijóo que no repetiría como candidata, la han abandonado. De alguno nada se sabe, otro lleva días dedicado en exclusiva a buscar micrófonos ante los que piropear la decisión adoptada por Núñez Feijóo y aquel que más exponía su lealtad a la presidenta —repitiendo ante quien le quería escuchar: «mi participación en política no tiene otro fin que llevar a Tere al gobierno de Asturias»— aparece entre quienes exigen obediencia a la directrices de Génova e incluso se ha permitido contactar con otros compañeros para «en nombre de la dirección nacional» solicitar que eviten hacer declaraciones en favor de Mallada.

Una vez más, al igual que ocurrió en aquellos días que acabaron con la salida de Pablo Casado, esta crisis ha mostrado la peor cara de la política y, por esta ser una actividad dirigida por mujeres y hombres, de la condición humana.

Se abre una nueva etapa en el Partido Popular de Asturias. Quienes integran la única alternativa al PSOE de Adrián Barbón no pueden permitirse transmitir al elector otra cosa más que sus propuestas para hacer de Asturias una tierra de oportunidades.

Por supuesto que hoy los populares del Principado cuentan con personas comprometidas y trabajadoras capacitadas para liderar el proyecto, pero es fundamental la entrada de nuevos activos ajenos a viejas e improductivas guerras.

Renovación que no puede ser ajena, llegado el momento, a las candidaturas al Congreso de los Diputados y Senado.

Quien acepte el reto de encabezar a la organización de centro-derecha en las próximas elecciones autonómicas debe acertar en la configuración de equipos. Aquellos que han sido responsables del problema, cuando la música del proceso de elaboración de candidaturas se apague, no deben encontrar silla en la que sentarse.

Alberto Núñez Feijóo sabrá premiar el trabajo y el compromiso leal y, por ello, la trayectoria política de María Teresa Mallada no debe darse por finalizada; al igual que la de aquellos que dieron la cara por ella en los momentos más complicados y, también, quienes le trasladaron lealmente su desacuerdo en algunas de las decisiones que tomaba, todos ellos ajenos a su propio beneficio, y tan solo guiados por creer que era lo mejor para su partido y para su tierra.