El Papa Juan Pablo I

OPINIÓN

ARTURO MARI

09 oct 2022 . Actualizado a las 13:34 h.

(Sobre el libro de Monseñor Rino Fisichella)

I.- Ante la Puerta del Príncipe en la Magna Hispalensis:

El londinense G. K. Chesterton, escritor católico, escribió en 1930 The Resurrection of Rome, libro de interés para hacer una original lectura sobre los personajes como Mussolini y Pío XI, artífices de los Pactos de Letrán, en 1929.  En ese libro, con cita repetida de Debellare superbos de Virgilio, Chesterton, al principio del libro, que es un viaje a Roma en 1929, confiesa: «Soy mal crítico porque me parece que cada frase de cada libro merece un ensayo independiente». Me atrevería a escribir lo mismo, reconociendo mi pequeñez en comparación con la grandeza del británico. Reconocido lo anterior, me atrevo con el libro de monseñor Rino Fisichella Juan Pablo I, La sencillez, estilo de vida, puesto a la venta hace escasos días por la confesional Editorial San Pablo.

El libro terminé de leerlo en la mañana del 3 de octubre último, mientras esperaba, en larga cola para adquirir la entrada, penetrar en la Catedral de Sevilla (Magna Hispalensis) por la Puerta de San Cristóbal, más conocida como «Puerta del Príncipe». Esa Catedral y su Giralda siempre me asombran, por eso las visito con reiteración. Más esta vez hubo una novedad: deseé rezar ante la tumba de Fray Carlos Amigo Vallejo, fallecido hace meses, que está situada en la capilla de San Pablo, junto a la Capilla Real, habiendo un centro de flores sobre la tumba con una cinta en la que leí: «Hdad. Sta. Genoveva».

Recordé el lejano 10 de enero de 2008, en una fría mañana de Lugo, habiendo pronunciado Monseñor Amigo la sentida Oración Fúnebre por la muerte de Fray José Gómez, obispo de Lugo y también franciscano. La imaginación me llevó y sigue llevando a ver a Fray Carlos Amigo como un descendiente del imponente Don Fadrique, de Medina de Rioseco y Almirante de Castilla; la realidad me lleva a recordar que Fray Carlos fue hijo de un buen médico rural.    

II.- Monseñor Rino Fisichella:

Repito que el libro del arzobispo lo terminé de leer al entrar en la Catedral de Sevilla, visto días antes en una librería de la «Red San Pablo», en Oviedo, en la calle Magdalena. Me interesó por su temática, sobre el beato Juan Pablo I y por ser, además, escritura de Fisichella, persona que me llamó la atención hace ya bastantes años cuando, por primera vez, en un programa de debate dirigido por Bruno Vespa, apareció en la Radio Televisión italiana. Me llamó la atención -digo- su cabeza en forma de melón, la dificultad para pronunciar las erres, su lujoso pectoral, y los puños, que no puñetas, de la blanca camisa con gemelos de plata, tan del gusto de los minutantes vaticanos.

En la página 10 de su libro sobre Juan Pablo I, monseñor Fisichella recuerda que él fue rector de la Universidad Lateranense; y yo coloco ahora sobre mi escritorio el Diccionario de Teología Fundamental, que tanto consulto, dirigido por René Latourelle y Rino Fisichella, editado en España por Ediciones San Pablo, naturalmente, 3ª Edición. No obstante todo lo anterior, que ya es mucho, añado que Fisichella fue Arzobispo Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Pues ni Benedicto XVI ni Francisco lo «crearon» Cardenal, siguiendo a la espera de ese acto tan creativo y tan papal, canónicamente considerado según el canon 351(2): Cardinales creantur Romani Pontificis decreto.

Hace años me pareció pronto para ser Cardenal, tal como manifesté a mi Director, don José Manuel Vidal, siendo de ello testigo; pero actualmente ya va siendo hora del cardenalato (a Fisichella). Y confió, a dicho efecto, que el Decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, se haya olvidado de la rectificación que le hizo monseñor Fisichella con lo del aborto de Arrecife (Brasil), en tiempos de Benedicto XVI ¡Otro gran escándalo por defecto de comunicación! 

III.-Y ya sobre el Libro y sus tesis fundamentales:

a.- Sobre la muerte del nuevo beato:

Precisamente por ser Arzobispo en ejercicio y candidato al Cardenalato, en su libro sobre Juan Pablo I, ha de mantener don Rino la llamada «posición oficial y/o vaticana» sobre la muerte del «Papa sonriente», o sea, muerte imprevista, quedando excluidos el homicidio o el asesinato. Monseñor Fisichella es inteligente y sabe bien lo que le conviene. E insisto: si después de lo de este libro, sigue sin ser «creado» Cardenal, entonces que se despida definitivamente.    

Desde aquel 28 de septiembre de 1978 se viene escribiendo que a Juan Pablo I le asesinaron. Yo ignoro ello. Fisichella en varias partes de su libro lo rechaza, argumentando especialmente en el capítulo titulado El encuentro definitivo, sobre el fallecimiento por causas naturales, con análisis sobre el último día de la vida de Juan Pablo I, recuerdos de personas cercanas, los documentos y palabras de los médicos, etc. A la naturalidad (¿?) de la muerte del Papa, teniendo en cuenta la aportación «científica» de Fisichella, ha de unirse la declaración de Monseñor Beniamino Stella, cardenal Postulador de la Causa Santa, el cual, delante del Papa que guardó silencio a modo de consentimiento tácito, dijo que la muerte de Juan Pablo I ocurrió improvissamente.

Yo que no aspiro a cargo eclesiástico alguno, pues soy muy joven, me permito decir que dudo de las versiones oficiales y no oficiales.

b.- Sobre la vida del nuevo beato:

El autor nos advierte también en la Introducción que el libro no es una biografía, y que trata como único propósito de poner de manifiesto la santidad de Juan Pablo I como sacerdote, obispo y papa. Y repárese en lo que indica monseñor Fisichella en la Introducción de su libro de que él fue Ponente de la causa de beatificación y también de lo siguiente: «He tenido la oportunidad y el deber de estudiar las 4.426 páginas que componen la doble Positio». Además, el autor del libro señala en la página 16 que la fase procesal del proceso de beatificación se prolongo desde noviembre de 2003 hasta junio de 2015, y que «se escucharon y entrevistaron a 200 testigos. En verdad, el Dicasterio de las Causas de los Santos, desde que lo preside el Cardenal Marcello Semeraro, parece que funciona».

Y si el libro comienza con una Introducción, se termina con una Conclusión, con citas de los Papas Benedicto XVI y Francisco, quedando así muy bien y evitando celos, destacándose del nuevo beato su gran cultura teológica y la sencillez de su comunicación (página 317).

Muchos acontecimientos explicados en el libro, al tiempo que son biografía del personaje (sacerdocio, Obispado de Vittorio Veneto, Patriarcado de Venecia), son eclesiológicos de primera importancia, siendo por ello muy interesante la lectura del libro: Cónclave de 1978, Concilio Vaticano II, sus reformas, constituciones y decretos, Sínodos de Obispos para la Evangelización (1974) y la Catequesis (1977), diatriba contra Hans Küng y la cuestión de Rominí.

Finalmente no son desdeñables los aspectos pastorales, catequéticos, y los discursos de carácter teológico, contenidos en Homilías, Ángelus (número de cinco) y 4 Audiencias generales): sobre la fe, la esperanza y la caridad, o sobre lo tan importante de que Dios es madre.               

 

IV.- Observaciones finales:

a).- No se sabe si Juan Pablo I fue asesinado. Se sabe, incluso por notoriedad, que se atentó contra la vida de Juan Pablo II hiriéndole por arma de fuego en la Plaza de San Pedro un 13 de Mayo. Si está ahora descartada la hipótesis de la llamada «vía búlgara», repetiremos la pregunta que hicimos en los anteriores artículos, aquí publicados en Religión Digital sobre los cardenales húngaros Windszenty y Erdö: ¿quién o quiénes trataron de asesinar a Juan Pablo II?

b).- A los que tan sabiamente han escrito sobre la muerte provocada de Juan Pablo I, pregunto: ¿Qué piensan de lo dicho por el cardenal Postulador Stella en presencia nada más y nada menos que del Papa?

c.-  El autor arzobispo Fisichella se refiere al libro de Juan Pablo I Ilustrisimos señores, que es una reunión de cartas dirigidas a diferentes personalidades, publicado en España por la B.A.C. en edición de 1978, con presentación del Cardenal Tarancón. En las páginas 14 y siguientes se contiene la carta que Albino Luciani dirige a Gilbert K. Chesterton, con el que iniciamos este artículo. 

Le dice: «Querido Chesterton, sólo El (Dios) puede dar una respuesta satisfactoria a estos tres problemas, que son para todos lo más importantes: ¿Quién soy yo? ¿De donde vengo? ¿Adónde voy?»