El desorden mundial

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

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14 nov 2022 . Actualizado a las 09:02 h.

Llevábamos años hablando de un nuevo orden internacional, que debería surgir del triángulo China-Rusia-Occidente, cada uno con sus áreas de influencia. Y en esta argumentación de expectativas, Rusia, por extraño que parezca, figuraba como un posible buen vecino de Europa para entenderse con la moderna China. Estábamos los europeos en algo parecido a esto cuando, de súbito, Rusia invadió Ucrania y todas las expectativas naufragaron, para sorpresa también de la propia China, que no deseaba que nadie le cambiase el tablero en el que desea seguir jugando sus partidas mundiales.

Teóricamente, Rusia y China eran aliados, sí, pero no para hacer la guerra de Ucrania, que no figuraba en el ideograma chino, como bien se ha podido ver. Eran aliados contra la OTAN y sus posibles escaladas militares. Pero la guerra que China quiere ganar no es la militar, sino la económica. Y en ello está. Por esto se ha desentendido del inoportuno belicismo ruso y ha vuelto a concentrarse en el desarrollo económico (y, de paso, si surge la oportunidad, intentar recuperar la isla de Taiwán).

La invasión de Ucrania no estaba en el punto de mira chino, aunque Putin pudiese imaginar que tal conquista sería de su agrado: pero se equivocó. Porque el Gobierno chino sabía que esa invasión movilizaría a los países de la OTAN y todo se complicaría mucho más. Putin olvidó que China tenía otros proyectos de expansión en el mundo, con la Ruta de la Seda como escuela, señuelo y guía de sus futuros pasos.

China no quería el desorden internacional, que en realidad es el nuevo orden occidental que menos le conviene. Pero Rusia ha movido sus fichas y ahora estamos ante un nuevo orden mundial, que contiene mucho del viejo, pero que añade también la organización del frente del Pacífico por parte de EE.UU., algo que China prefería que siguiese durmiendo el silencio de los justos durante mucho más tiempo. Porque China ya está, por esta vía, en plena «invasión comercial» de América Latina. El ruido de Ucrania ha hecho sonar las alarmas también en EE.UU. y en América Latina, aunque todavía se desconozcan los efectos futuros. Las alarmas han sonado, sí, y todos están pendientes de todos. Justo lo que China no quería.