¿Qué hay de lo mío?

OPINIÓN

Un coro canta villancicos frente al Teatro Campoamor en el centro de Oviedo
Un coro canta villancicos frente al Teatro Campoamor en el centro de Oviedo Eloy Alonso | EFE

04 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya escribí en Lo mío y lo tuyo que los posesivos y los posesos no me gustan: son guerreros, violentos contra el género y muy egoístas. Prefiero los desposeídos que son víctimas de los poseídos. Y todo es tanto que hasta enferman de los nervios muchas personas por afanes insatisfechos. Un psicoanalista llegó a decir: «La estima de lo mío se alimenta del desprecio de lo tuyo». Y eso pasa no solamente a las personas «in», del Oviedín del alma, nacidas en las ovetenses calles Uría o Campomanes, que desayunan en La Mayorquina, hoy «La Mallor», amputado parte del rótulo por cuestiones de disputa acerca de la propiedad, la llamada «industrial». Si esas amputaciones ocurren con propiedades industriales, imagínese el lector/lectora lo que puede ocurrir con las verdaderas propiedades, las genuinas, no de rótulos mercantiles, sino de tierras superficiales, de trozos la superficie terrestre.

El caso es que encima de «La Mayorquina» o de «La Mallor», en el Centro asturiano se juega a eso tan popular que es el «Billar», antes se jugó a eso mismo en un subterráneo local de la llamada «Juventud del Carmelo», de la que colgaban escapularios marrones en la calle Marqués de Santa Cruz. Para jugar en el Centro, encima de «La Mallor» no hay que desplazarse para jugar a La Longaniza o como se llame ese Campo de Golf, que está cerca de la Venta del Jamón, entre longanizas y jamones. Y lo del párrafo anterior, lo del «in», del Oviedín del alma, puede extenderse a los hoy ovetense, antes extraños nacidos en «extrarradios», al otro lado de los corrales o majadas, en tierras vecinas como las de Siero y otras, como las de Proaza o de más allá, las de los oseznos, como fueron con sus garras y agarrados aquéllos, que se llamaron Petra y Perico en el Campo de San Francisco.

Y todo viene siendo así desde la primera Gramática de la Lengua castellana de Antonio de Nebrija, escrita tres meses ante de llegar Colón a América, hasta la última, la llamada Gramática transformacional. De Nebrija copio lo que escribió en el capítulo VIII de su Gramática, el del Pronombre: «De la especie derivada son cinco pronombres: mío, tuío, suío, nuestro, vuestro; i tres cortados: de mío mí, de tuío tu, de suío su». Es claro: el que no lo entienda, o es tonto o no lo quiere entender, que es lo mismo: es tonto.

Y ¿Qué hay de lo mío? preguntan masas ciudadanas, después de aguantar colas, ante las infinitas ventanillas petitorias de las administraciones públicas, esparcidas como antes los Bancos por todo el país en un continuo jolgorio, como de fiesta de «Día de la Cruz Roja», con marquesa de pueblo presidiendo mesa con hucha, o como tugurio de puesto venta de Lotería en Navidad. Es sabido que los llamados «socialdemócratas de moda» son muy aficionados a que las ventanillas petitorias de las Administraciones aumenten sin parar, haciéndose cada vez numerosas y grandes en metamorfosis: primero en estanques como simples cabezones, luego renacuajos y, finalmente, ranas croando empachadas.

No puede ser más aplaudido el empeño de aquellos socialdemócratas de que todos los ciudadanos, todos sin excepción, tengan que pedir algo, lo que sea; que, por tantas peticiones, para que la «lista corra», algunos se hacen de oro, adelantando permisos, licencias, incluso beneficios de pobreza o fraccionando contratos. Que las administraciones públicas se dediquen a aliviar a los ciudadanos, a modo de una Caritas laica o Asociación de Caridad, es emocionante y acreedor a premio. Y recuérdese que de alivio antes se vestían las viudas, después de años de riguroso luto: fueron los curas, «enlutecidos» (con ele), los que no dejaron que Leopoldo vistiese de negro a la Ozores. Una pregunta sobre Clarín, el oscuro: ¿De qué color eran las ligas de Ana Ozores?

El último alivio se publicó en ese periódico que se llama el BOE, dedicado fundamentalmente a lo que el mismo llama «Corrección de errores». El 23 de noviembre último, se publicó un Real Decreto Ley, el número 19/2022, para aliviar a los deudores hipotecarios sin recursos, no pareciendo ser una Corrección de errores como otras tantas. Y hace unas horas, el 29 de noviembre de 2022 se publica una Resolución también de alivio, por la que se aprueba la lista de sustancias prohibidas en el deporte, tales como los moduladores de hormonas y los glucocorticoides, y aprobándose también métodos prohibidos en el deporte, en una relación muy incompleta, pues no se incluye la prohibición de robar en el deporte, principalmente donde más ladrones, presuntos, hay: en el futbol, según la misma Anticorrupción.

Ya escribimos sobre los efectos devastadores de la propiedad en el sistema capitalista, y, por supuesto, en los otros sistemas, sin propiedad, la cosa es aún peor: pienso en los criminales Mao Tse Tung y Stalin, que asesinaron a miles de millones de personas según Alejandro Solzhenitsyn y según el último recuento del periodista francés, Franz Olivier Giesbert, en su reciente libro Historia íntima de la Vª República (V.2), habiendo tenido en España muchos jóvenes partidarios, ahora agazapados por vergüenza, que discutían si el Cristianismo y/o el Marxismo eran humanismos.

John Rawls, teórico de La Justicia y también, naturalmente, de La Propiedad, experto en filosofía analítica, moral y política, fue calificado de «liberal igualitario», absurdamente escribo, pues un liberal jamás es igualitario; también fue calificado de socialdemócrata verdadero, pues creyó en un fuerte Estado de Bienestar, creyendo con fe de fiel en la llamada «Democracia de propietarios» y no en este detritus estercolero, la llamada socialdemocracia, tan engañosa, también llamada «·capitalismo del Bienestar». Un capitalismo o una socialdemocracia que, cuando establece un impuesto para que tributen las empresas energéticas, los bancos y las grandes fortunas, el mismo Gobierno tituló así: «Tres impuestos para paliar los efectos de la guerra». El mismo día de tan sonada reforma tributaria, un periódico (El Mundo, página 26) tituló: «El Gobierno cuela un gran regalo tributario a Netflix, HBO y Amazón». Y leo que Richard Sennett escribió: «Cuanto menos capaz es el político, más narcisista es» ¿En quién estaría pensando el sociólogo?

Los socialdemócratas de verdad exigen, como presupuesto de la igualdad y concreción de una propiedad con función social, así como un presentable sistema fiscal, que no es el español. ¿Cómo va a ser presentable un español sistema fiscal, lleno de «cuponazos» por todas partes? ¿Cómo va a ser presentable un español sistema fiscal, en el que los contribuyentes han de romperse la cabeza para cambiar de residencia, la fiscal, descoyuntándose hasta las familias, pues lo que «aquí» se paga, «allí» no.

Lo del «cupo» vasco-navarro es que, por razones electorales, hasta ni siquiera se habla de él, pues no dejan los vascos que se hable; y unos, los del PNV, que, como fieles seguidores del Sagrado Corazón, viven como Dios, y hasta un tal Imaz, por méritos propios está colocado en Repsol, la energética. Quedan los otros, los llamados progresistas con logo de serpiente, lo cual es propaganda de cerebros de reptil, que es el colmo de lo primitivo. Sabido es que los de allí, unos y otros, unas y otras, son mucha mamá y de mucho mamar.

Leo la Sentencia 182/2021, de 26 de octubre, del Tribunal Constitucional, acaso la última sobre la propiedad, habiendo indicado en artículo anterior cuál fue la primera. Es importante por referirse al impuesto sobre el incremento de valor de los terrenos de naturaleza urbana (la llamada Plus-Valía municipal o plusvalía de los terrenos urbanos por el simple paso del tiempo), que tanta gente tuvo que pagar, muchos por heredar a quienes se murieron antes de tiempo. Sabido es que a los impuestos españoles, cuando se les inca el diente de la legalidad, en todo o en parte, son inconstitucionales: se diluyen como chocho de azúcar en vaso de leche. Se dice en la Sentencia: «El mantenimiento del actual sistema objetivo y obligatorio de determinación de la base imponible, por ser ajeno a la realidad del mercado inmobiliario y de la crisis económica, y por tanto, estar al margen de la capacidad económica gravada por el impuesto y demostrada por el contribuyente, vulnera el principio de capacidad económica como criterio de imposición (art. 31.1.CE)».

Y se llega a este final con cierta confusión, pues no sabemos bien si en España hay propiedad o no la hay. Unas veces se puede pensar que nuestra propiedad es como la imponente propietas del romano paterfamilias; otras veces se puede pensar en todo lo contrario, que toda la propiedad está confiscada o robada. O sea, que depende.

Y usted lector /lectora, si aún le quedan ganas después de la gruesa lectura de lo anterior, ¿qué opina?

Ande, escriba, dígamelo.