Sanidad, pollo sin cabeza

Manuel Macía Cortiñas PROFESOR TITULAR DE OBSTETRICIA Y GINECOLOGÍA EN LA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO. GINECÓLOGO DEL CHUS

OPINIÓN

Carlos Luján | EUROPAPRESS

14 feb 2023 . Actualizado a las 10:36 h.

Desde el primer momento que uno inicia su trabajo en la sanidad pública, allá por el año 1981, no hubo ningún momento en que los dirigentes de la misma no nos hayan dicho que: «El paciente/usuario es el centro del sistema y los profesionales su activo más preciado». Este es el «mantra» más utilizado en todas las situaciones. En el momento actual las quejas de los primeros son constantes sobre todo en un sentido: la dificultad en el «contacto presencial» con el médico, más en primaria, donde ese contacto ha sido, es y será la base de la atención sanitaria pero también en especializada.

La respuesta por parte de los órganos rectores parece dirigirse en el sentido contrario: más «filtros» por parte del personal no sanitario (XIDE) y «telemedicina». ¿Cuánto falta para que nos conteste «una máquina» como ya ocurre, con gran cabreo por nuestra parte, cuando llamamos a nuestra compañía telefónica o eléctrica? Es cierto que existen cantidad de actos médicos —unos resultados de pruebas (no todos), seguimiento, etcétera— que no exigen la presencialidad pero de ahí a lo que se pretende hay un mundo.

Vayamos al otro pilar del sistema: los profesionales. ¿Qué está ocurriendo para que quejas de maltrato (precariedad, salarios bajos) y sus consecuencias (desplazamientos a otras comunidades o extranjero, disminución en la tasa de prórrogas de jubilación, etcétera) sean también el día a día en los medios de comunicación?

Le echamos la culpa al sistema de formación. De nada sirve formarlos si después no eres capaz de retenerlos; damos bandazos: hoy nos deshacemos de «todos» los mayores de 65 y mañana queremos que prorroguen «todos» hasta los 70 o más años, primándolos económicamente.

¿No será que el centro del sistema se ha trasladado a unos despachos donde residen unos «químicos» o «ingenieros» de la sanidad, desconocedores del día a día de los dos «verdaderos pilares» del sistema? ¿Se dedicarán a experimentar en lor de sus egos o del apremio del momento y no a favor de los pacientes que nunca conocieron? Es este sentido leía hace unos días unas declaraciones de la presidenta de la Sociedad Española de Medicina Interna (doctora Juana Carretero) que resumía la situación: «La medicina no está centrada en el paciente sino en el sistema sanitario». En los actuales organigramas tenemos que descender hasta a un tercer nivel para encontrarnos con alguna persona que «venga de la clínica», que conozca de primera mano la actividad del día a día, las inquietudes de los pacientes y el sentir de los profesionales. No creo que la soluciones vengan de «programas» milagrosos sino de un diálogo abierto entre usuarios/pacientes, profesionales, gestores y políticos con medidas y planificación en el largo y medio plazo y no de las iniciativas erráticas, cual carrera del pollo sin cabeza.