La ausencia de los tradicionales puños alzados de la izquierda mostraba a las claras que aquello quería vestirse de otra estética, más feminista, más moderna, más centrípeta, capaz de arrastrar a una parte de la izquierda del PSOE y a otra en la derecha de Podemos.
No sé si ese espacio es suficiente como para que en él pueda nacer una alternativa, ni si la autonominación como candidata a la presidencia basta para construir un liderazgo aglutinador; lo que sí sé es que la estrategia de Yolanda Díaz goza de tantos apoyos como resistencias, y ahora que «empieza todo» es necesario saber ya qué es todo y quiénes son todas y todos.
Yolanda ha logrado sumar, pero también restar. En la suma, cuenta con dos pilares, los Comunes y Compromís, y una base orgánica bien conocida, Izquierda Unida, que puede prestarle el soporte territorial que necesita para su expansión.
El primer problema de Yolanda, en relación a estos pilares, lo explicó bien Panebianco: los partidos construidos por difusión no generan fortaleza en el liderazgo, solo apariencia. El segundo problema está en su dependencia de los resultados que obtengan sus socios en las municipales; ella cuenta con que Podemos salga debilitada, pero ¿qué pasaría si Colau pierde el Ayuntamiento de Barcelona, o Compromís no entrara en el Gobierno valenciano? Al final, las elecciones municipales van a marcar una buena parte del destino de Sumar, para bien o para mal, o para las dos cosas al mismo tiempo.
En el otro lado, el de la resta, Podemos se ha convertido en un obstáculo difícil de salvar para llegar al electorado a la izquierda del PSOE. No se trata solo de las reticencias de unos y otros a construir el futuro en común, se trata de que Yolanda quiere un Podemos domesticado y obediente, e Iglesias y Belarra no están dispuestos a regalarle un futuro que hasta hace muy poco les pertenecía.
Por eso, mientras la vicepresidenta empieza a dibujar en el imaginario inmediato una candidatura sin Podemos, Iglesias se refiere a ese mismo escenario como la tragedia electoral de la izquierda, olvidando quizá que fue él quien lo diseñó e implementó.
Ahora están en las antípodas, porque mientras aquel proyecto nacido del 15-M sigue rezumando resentimiento y enfado en la búsqueda de culpables de las crisis, el proyecto de Díaz trata de construirse en positivo, de no golpear en puertas ajenas y de no retar al resto de la sociedad; aunque no quieran creerla.
La propuesta de Yolanda es la constatación del fracaso polarizante de Podemos, y de que es posible una lectura inclusiva de la sociedad. Pero esa visión no puede tampoco alimentarse de silencios, y es ahí donde reside el mayor reto de su proyecto: viabilizar un relato inclusivo en un escenario hiperpolarizado, sin quedarse callada cada vez que hay que elegir. Tal vez Unidas Podamos Sumar, pero mientras unas creen que hay que estar unidas para sumar, las otras aspiran a sumar primero y estar unidas después.
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