Se suele decir que la gente a medida que va cumpliendo años se va haciendo más conservadora. Aunque tal cosa no tiene porqué ser una verdad absoluta, repetidos hechos así lo atestiguan. Será por eso que, en las ya próximas elecciones locales, se da por sentado que volverán a repetir en sus cargos quienes en la actualidad comandan los ayuntamientos.
Quienes han adquirido la categoría de gente mayor y la vida ya les ha dado muchas sorpresas piensan, no sin razón, que mejor conservar lo que se tiene que arriesgar en lo poco que les queda de partido. Se aspira a conservar la salud evitando excesos, se protege la familia como un regalo frágil, se ve la pensión que se cobra como una dádiva del gobierno de turno y menos como un derecho adquirido por el que pelear. Y llegada la hora de votar nada de experimentos.
A nivel nacional se nos bombardea a diario con encuestas poco fiables que persiguen crear un estado de opinión a favor de unas siglas o en contra de otras. La persistencia de esa información demoscópica termina con alcanzar sus propósitos. Aunque aun falta para las elecciones generales ya se da por definitivo que un determinado partido va a desaparecer, que otros bajarán sensiblemente y que todo se dilucidará entre las dos opciones de siempre. Tal parece que la decisión de la ciudadanía solo consiste en ratificar lo que se les da servido.
En el ámbito local las cosas funcionan de otra manera. Se conoce a quienes están en el ayuntamiento, se sabe lo que hicieron bien y lo que hicieron mal. De quienes aspiran a entrar también se conocen sus intenciones y la experiencia viene a confirmar que comanden unos u otros el consistorio la vida de cada cual no se verá afectada en lo esencial.
De toda Asturias si hay una zona donde la preponderancia de los mayores sobre los jóvenes es más notoria es en el occidente. Como siempre a los jóvenes les gustaría cambiar muchas cosas pero lo tienen francamente difícil. A diferencia del conservadurismo de los mayores, los jóvenes son rebeldes, inconformistas y soñadores. Hoy son viejos aquellos jóvenes que protagonizaron el mayo del 68 o el movimiento hippie. Eran jóvenes los que inundaron las carreteras del occidente de Asturias con sus tractores para denunciar las condiciones del campo. Y los que alzaban la voz para decir «eucaliptos no».
Ahora, los cada vez menos jóvenes que aguantan en la comarca occidental, lanzan una plataforma que pretende influir en política bajo unas siglas del todo elocuente «SOS occidente». No les resultará fácil convencer a los padres y abuelos para que cambien el sentido de su voto.
Votaremos para que nada cambie aunque al día siguiente volvamos a quejarnos de los políticos que nos rodean.
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