Nos gusta catalogar todo, definir conceptos, establecer períodos, explicar tendencias, porque nos permiten comprender nuestro entorno y racionalizar lo que sucede. Necesitamos entender para obtener cierto nivel de seguridad. Pero la comprensión no implica que estemos realmente dispuestos o que tengamos la capacidad para solventar los problemas o, al menos, intentar paliar sus efectos.
Así, llevamos décadas recibiendo información sobre el pernicioso efecto que la actividad humana tiene en nuestro entorno y, aunque se han implementado algunas medidas para paliarlo, apenas son una gota en un mar de desolación. Llevamos décadas hablando del «efecto invernadero», un sistema natural de retención del calor que ha permitido la vida en nuestro planeta pero que, como consecuencia de la sobreproducción de gases, fundamentalmente dióxido de carbono, por los diferentes tipos combustión utilizados en nuestra vida diaria, ha derivado en un calentamiento planetario cuyas consecuencias empezamos a sufrir. Y ahora que el cambio climático ha pasado de ser una mera posibilidad a un hecho, no podemos demorar más la ejecución de medidas eficaces para frenarlo y luego revertirlo.
Al deshielo de los casquetes polares y al ascenso de las temperaturas del agua del mar hay que añadirle el calor extremo que estamos experimentado y que han facilitado que fuegos devastadores arrasen la isla de Rodas, en Grecia; Sicilia, en Italia, o los bosques de Argelia, donde ya han fallecido casi 40 personas. La mano del hombre no solo está en el inicio de estas piras incontrolables, sino también en la ausencia de medidas preventivas y medios para luchar contra ellas. Una vez iniciados es muy difícil extinguirlos debido a la orografía, la sequedad extrema y los fuertes vientos. Nada más triste que las casas, los pueblos y los bosques quemados. Por ahora es el sur de Europa y el norte del Magreb los que sufren sus consecuencias, pero no hay que olvidar que el año pasado Gran Bretaña vivió la mayor sequía de su historia, por lo que no es solo un problema del sur de Europa, sino global. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…
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