Cuando se habla de Sanz Montes no son pocas las voces que enseguida saltan y muestran su malestar ante este Arzobispo, al que tanto la Izquierda como gran parte de los católicos de base consideran como un personaje gris y turbulento donde los haya. No creo que se equivoquen mucho, pero a mi parecer el Arzobispo es más bien el Padre Ángel de derechas de la Iglesia asturiana, englobando todo lo anterior y sumándole el ridículo que siempre lleva consigo el populismo, venga de quién venga, y más aún si es de un puesto relevante como el que ostenta.
Como ya viene siendo costumbre, este año utilizó la homilía del día de Covadonga como azote político y desvinculándose de un contenido doctrinal y clerical que es adecuado. Desde el púlpito de la basílica de Santa María de la Real arremete contra todas aquellas decisiones políticas con las que no está de acuerdo, olvidando lo mucho que está su casa sin barrer. Con una Iglesia descontrolada y que abandona su fundamento y labor doctrinal, donde las vocaciones escasean y en lugar de la defensa del misterio y de la tradición se recurre a las guitarritas, cantos y fruslerías varias. Y donde, por si fuese poco esta decadencia acelerada, gobierna un Papa que es la mayor prueba de fe que pueden experimentar los católicos en la historia. Está bueno Sanz Montes para dar charlas y reprochar nada. Bien es cierto que el señor Arzobispo, como todo ciudadano, es libre de opinar de lo que quiera y cuando quiera, pero como les pasa o nos pasa a la mayoría, no valen lo mismo todas ni en todos los casos.
Tampoco entiendo qué hacen sentados en primera fila Barbón, Cofiño y Llamedo; como ningún otro político, siempre y cuando no sea a título personal. Porque pueden hacerlo amparándose en la tradición, pero en un Estado aconfesional, que debía ser laico hace ya mucho tiempo («a Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César»), considero un error el mezclar política y religión. Y más viendo como se les trata en esa santa casa.
Me hace gracia como toda la Izquierda ha salido ahora en tromba a criticar las palabras dichas el otro día por SM, a llamarle poco menos que fascista y le recomiendan que se esté callado; mientras la Derecha aplaude su homilía y le pasa el brazo por el hombro. Sobre todo porque unos son los mismos que claman y vitorean cada sandez salida de Francisco I y los otros los que abuchean y tildan de peligroso comunista.
Dijo Barbón que el bien de Asturias vendría por el consenso, pero parece que eso no está cerca. Porque el consenso es bueno, como todo, siempre y cuando alcanzarlo no tenga un coste mayor al beneficio.
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