Ahora sí que sí, es el último fin de semana de estas fiestas de San Mateo 2023. Tenemos al verano en las ultimas, y parece que el otoño quiere colarse ya con la lluvia. No sé si es por Camela, por la fiesta, por el viernes o por todo, pero la ciudad bombea gente por todas partes y en todas direcciones. Para entrar a Oviedo uno debe armarse de paciencia, comerse un buen atasco, y luego ya lo de aparcar: rezar y suerte.
Camela reventando La Ería, no sé ya si por su arte o porque lo gratis gusta mucho a todos; los hubo que esperaron hasta más de cuatro horas para hacerse con una entrada, la cola era interminable.
El agua nos da tregua y se nota. Aunque nunca la lluvia, que siempre aparece en estas fiestas como artista principal, es algo que deje al ovetense en casa: ni ahora ni nunca. Aunque todos estemos ya cansados, algunos sin voz y otros a base de almax, nadie quiere bajarse de este barco festivo tan a punto de culminar su singladura. Nos agarramos al mojito como el náufrago a una tabla, esperando las colas con resignación y en la cartera solo suena calderilla.
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