El debate respecto a la constitucionalidad o no de la amnistía a los golpistas catalanes del 2017 es, como ya nos tiene acostumbrados el Gobierno de Sánchez, una trampa dialéctica, una cortina de humo tras la que esconder la laminación de la democracia del 78. Estamos ante la imposición por la puerta de atrás de un momento constituyente de recorrido más que incierto, pero, sobre todo, estamos ante el momento más crítico para nuestra democracia desde el golpe de Estado de 1981. Todo ello de la mano de movimientos de corte autoritario y excluyente. Este es el escenario y no otro, las lenguas en el Congreso, la constitucionalidad de la amnistía, solo son maniobras de distracción.
¿Estas aseveraciones son una exageración? Lamentablemente creo que no, solo hay que analizar quiénes son los impulsores de este cambio de régimen por la puerta de atrás. Por un lado, tenemos a esta izquierda desnortada y huérfana intelectual e ideológicamente. Una izquierda que tras la caída del muro de Berlín y después de no encontrar arena de playa bajo ningún adoquín, se han abrazado a un identitarismo excluyente y parecen sentirse cómodos como colaboradores necesarios de los nacionalismos más rancios. Aquellos que empujaron al mundo a la locura en la primera mitad del siglo XX. Imagino que todas aquellas personas de izquierda que defendieron las libertades, las sociedades abiertas e inclusivas, todos aquellos que creyeron en el internacionalismo proletario, estarán revolviéndose al contemplar a esta nueva izquierda nacionalista, concepto que es un oxímoron de libro.
La izquierda abrazada al populismo se ha asociado a organizaciones lideradas por condenados por terrorismo. Partidos que apoyaron la violencia política y a ETA; esto hay que recordarlo, el Gobierno Sánchez, que negocia y se asocia con muchos de los que apoyaron el terrorismo y con los que colaboraron con los que mataban a muchos socialistas. No hay que olvidar la ignominia de escuchar a un presidente del Gobierno, en el Senado, lamentar la muerte de un etarra en prisión. No todo vale, en el juego de la política, en la competición por el poder, no todo debería valer, estamos ante el gobierno de la inmoralidad.
Por otro lado, tenemos al separatismo catalán, aquel que trata a más de la mitad de los catalanes como ciudadanos de segunda, como sospechosos o, directamente, como enemigos de su programa de «construcción nacional». Unos movimientos que trataron de conculcar la Constitución, que pisotearon los derechos y libertades de todos los ciudadanos catalanes, que diseñaron una estructura jurídica absolutamente autoritaria para la «Cataluña liberada». Estos que quieren volver a hacerlo son los que tienen en sus manos la gobernabilidad de nuestro país. Estos son los que están chantajeando y sometiendo al Estado y poniendo en peligro a nuestra democracia.
Lamentablemente este es el escenario, solo el Partido Socialista puede parar esta deriva de destrucción, de metamorfosis hacia el autoritarismo. Solo los socialistas pueden mandar parar y reflexionar más allá de sus intereses personales, solo ellos pueden romper la caja de resonancia auto-referencial. Espero que haya alguien en ese partido que vea la necesidad de reflexionar. España necesita volver al consenso, a la altura de miras, a la generosidad. En el pasado ya lo hemos hecho, hemos sido ejemplo para muchos países. Socialistas, en vuestras manos está.
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