Que el tiempo es relativo uno lo aprende ya desde bien pequeño: no pasa igual una tarde en el parque con los amigos al amparo de unos padres, que quedarse toda la tarde castigado haciendo los deberes. Quizá hablemos de las mismas horas, pero por nada del mundo del mismo tiempo. Ya van ocho años desde que La Salvaje abrió sus puertas, y uno se lo cree porque así se lo dicen, así festejó y porque lo acreditaban los carteles con una programación de lujo para celebrar este aniversario.
Una andadura que comenzó como la materialización de un sueño: el sueño de traer a grandes grupos a Oviedo, la música que amaban, aman y amarán, y tejer un contenido cultural de calidad en base a la música. De esos momentos iniciales duros, llenos de nervios y dudas, atravesando la pandemia -«algo muy duro, no sabíamos qué hacer ni qué futuro nos esperaba. Planteamos hasta cerrar y a otra cosa»-, han llegado a consolidarse y ser una de las salas de referencia en España. La Salvaje forma parte de la historia cultural reciente de la ciudad, marcando la pauta a muchos otros y siendo cabeza de un resurgir cultural que lleva azotando la ciudad un tiempo: una ola que no para de crecer y avanzar. Una sala que no sólo brilla por su gran programación -muchos han debutado en su escenario-, trato excelente a los artistas y un sonido impecable y claro; también lo hace por actuar como refugio de muchos que allí llegan y se quedan para siempre, por crear una comunidad de asiduos, parroquianos perpetuos, que buscan entre sus padres el cobijo y el consuelo que siempre son los bares. Sea para lo que sea: la música y la barra de un bar.
La fiesta aquí siempre está en ese punto álgido en el que se paran los relojes y avanza la noche. Ya pasada la resaca de este octavo cumpleaños, nos quedan momentos que pasarán al recuerdo junto a otros ya vividos aquí. Del 28 de septiembre al 7 de octubre pudimos disfrutar de grupos como «Viva Belgrado», «Belako» o «El último vecino» que hicieron mejor las tardes y las noches, que ya de por sí suelen ser buenas. Siempre con todo el cartón vendido, porque en Oviedo pasan cosas y la gente así responde; los que no se enteran que estén al loro.
David Cuerdo y Marcos Flórez, propietarios de La Salvaje, aseguran que el aniversario ha sido excelente y se muestran muy contentos. «Todo han sido comentarios positivos y el público se mostró entusiasmado. Para nosotros es una alegría y refrenda nuestro trabajo y la apuesta por la buena música», dice David. «Todo llenazos en este aniversario», reitera Marcos. Pero no sólo llenan cuando de música hablamos, también dan cobijo a un club de lectura, «Letras Salvajes», que está rompiendo moldes y que cada último jueves de mes consigue congregar en torno a un libro y el buen rollo a más de cincuenta personas. Un fenómeno imparable que no hace más que crecer y una de las mejores cosas que le han pasado a nuestro panorama cultural. Su propósito es seguir cumpliendo, fortalecer la música en Asturias, conseguir atraer cada vez a más personas, vincular a los más jóvenes para asegurar una continuidad, el tan importante relevo generacional, y mantenerse vivos, de fiesta y en directo.
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