El discurso anti-inmigración, que a veces se convierte abiertamente en xenofobia, racismo y aporofobia, lo utilizan casi en exclusiva en Europa los populismos de ultraderecha y se contagia, como tantas otras políticas, a la derecha tradicional. Porque da votos y conecta con una parte de la población. Esto se está viendo perfectamente con la llegada de inmigrantes a Canarias y las declaraciones de miembros de Vox y del PP. Pero este monopolio por parte de la extrema derecha de la inmigración como arma política ya tiene una excepción en el polo opuesto del espectro político. Se trata de una escisión de diez diputados del partido alemán Die Linke (La Izquierda), liderados por la carismática Sahra Wagenknecht, que van a poner en marcha una nueva formación que tendrá como uno de sus ejes principales frenar la inmigración, que su lideresa considera «inmensa». «Lo que importa es que la integración funcione, que las infraestructuras no se vean abrumadas, que haya escuelas, apartamentos, profesores, guarderías. No es el caso en absoluto», ha dicho. Wagenknecht defiende que los inmigrantes sin derecho a asilo, es decir, los que llegan por razones económicas para buscar un futuro mejor, no podrían solicitar prestaciones sociales. También señala que «la inmigración no regulada está intensificando los problemas en las escuelas» y perjudicando a los estudiantes alemanes.
El nuevo partido espera captar votos de la ultraderecha, Alternativa para Alemania (AfD), que se aprovecha del descontento por el aumento de la inmigración irregular y la crisis económica para crecer, lo que la ha convertido, según las encuestas, en la segunda fuerza política, por encima del 20 %, solo por detrás de los democristianos de la CDU.
Además de contener la inmigración, Wagenknecht aboga por una política económica de izquierda, con salarios altos y beneficios generosos, cuestiona el «ecoactivismo ciego y desordenado que encarece la vida de las personas sin hacer nada para ayudar al clima», y se opone a las sanciones contra Rusia y al suministro de armas a Ucrania.
¿Seguirán otros partidos de izquierda el camino anti-inmigración abierto por Wagenknecht?