Amistad y familia en tiempos convulsos

Álvaro Boro

OPINIÓN

Manifestantes en la calle Ferraz de Madrid contra la aplicación de la ley de amnistía.
Manifestantes en la calle Ferraz de Madrid contra la aplicación de la ley de amnistía. Fernando Sánchez | EUROPAPRESS

A lo largo de mis 31 años de vida no recuerdo ni un solo momento en el que la sociedad española estuviese tan enfrentada, puede que los haya habido, pero yo no los puedo recordar. Sí que los hubo peores: cuando en este país ETA mataba a sus compatriotas día sí y día también o cuando un atentado islámico hizo romper el corazón de los españoles en ciento noventa y tres pedazos, que esto sí que rompió a España.

En estos momentos confusos, donde se mezcla la política, con la legalidad,  la democracia, la separación de poderes, los intereses personales y partidistas y muchas cosas más en un batiburrillo social, uno sabe dónde posicionarse: siempre con la ley y la democracia. Aunque no tenga claro ni seguro nada, porque nunca he sido de fiarme de aquellos que no dudan, porque sus certezas siempre están llenas de grietas, y entre estas siempre está la nada.

En este tiempo convulso donde la polarización entre los ciudadanos se acrecienta exponencialmente con el paso de las horas, sólo tengo una certeza absoluta e imperecedera: la amistad y la familia. Porque son la gente que está cuando se acaba el boato y los demás se van.

Veo horrorizado cómo se está dando la horrible situación de discutir con amigos y familiares, pelearse o hasta romper relaciones por diferencias de pareceres políticas, por apoyar a un partido u otro, por no compartir unos ideales comunes, por aferrarse a estos ideales y no tanto a las ideas, por buscar lo diferente en lugar de lo que les une y en lo que convergen. ¿Para qué quieres que los tuyos, tu círculo cercano, piensen igual que tú? Así jamás evolucionarás ni aprenderás nada, quedando reducido a esta clase de gilipollas que piensan y opinan igual con dieciocho que con noventa años. Además, si como algunos ungidos vaticinan, llega una guerra: si tienes suerte, tendrás quienes te salven en ambos bandos; si no la tienes, que sería una putada: no sufrirás mucho, porque te liquidarán rápido. Pero dejándonos de frivolidades, amistad y familia, no deben romperse por política. No es justo y no lo merece.

Puedo asegurar que en mi círculo más o menos cercano tengo gente de VOX y de PODEMOS, y no me avergüenzo de decirlo, porque yo de los míos siempre estoy orgulloso y doy la cara por ellos. Así me enseñaron en mi casa. Gente de un extremo y de otro, imbuidos por unos ideales y dueños de sus ideas, pero buena gente, porque yo no le pido el carné de afiliación política ni la cuenta corriente ni nada a nadie.

De verdad, discutid y confrontad, hasta llegar a enfadaros si queréis y hace falta; pero que sea delante de un café, en una sobremesa o charlándoos unas copas. Que quede ahí y no vaya a más. Pongamos todos de nuestra parte para llegar a decisiones conjuntas en bien de todos los españoles, no volvamos a cometer errores de un pasado cercano y tan doloroso. Bastante difícil es esta vida como para andar complicándola más.