El arte de lo imposible
OPINIÓN
La próxima semana Pedro Sánchez será, casi seguro, investido presidente del Gobierno con el apoyo de todos los partidos que tienen representación en el Congreso, excepto PP, Vox y UPN. Para conseguir la investidura, los portavoces del PSOE dicen haber negociado con un solo límite, la Constitución. Y justifican lo acordado con el mandato de las urnas, esto es, con la voluntad soberana de los ciudadanos expresada el 23 de julio.
Aunque se quiera justificar lo acordado con las urnas, los ciudadanos no han podido votar la amnistía, porque hasta el 23 de julio era, según el propio Sánchez, inconstitucional, y por tanto imposible. Tampoco han podido apoyar el reconocimiento de Cataluña ni del País Vasco como naciones, ni la transferencia de la Seguridad Social al País Vasco, o la redes de las cercanías a Cataluña. Es evidente que nadie votó lo que no se le propuso, y mucho menos lo que se le dijo que era inviable. Quienes defienden lo pactado deben abandonar ese argumento e intentar legitimar lo acordado de otro modo.
El problema es que lo pactado con Junts ha logrado otro imposible: la oposición unánime de la judicatura, de todas las tendencias políticas. El PSOE dice que se ha interpretado mal el término lawfare, pero la lectura que Junts y PSOE hacen de lo firmado es tan divergente que casi da miedo. Lo acordado ha logrado una crítica transversal nunca vista hasta la fecha: se considera que amenaza la independencia judicial, la separación de poderes e incluso la igualdad de los españoles. No parece estar en la senda de la concordia ni del respecto a la Constitución.
Los partidos catalanes y vascos han sido esenciales para la gobernabilidad de España durante los últimos 30 años. Han dado su apoyo a quien ha gobernado tras 7 de las 9 últimas investiduras, y lo han hecho a cambio de transferencias, inversiones y competencias. Como se encargan de recordar a menudo, no dan su apoyo gratis. Pero esa historia de negociación y pactos no parece haber servido para reconciliar ni para arreglar nada. En el caso de Cataluña, casi lo contrario. Cataluña es la autonomía que más poder negociador ha tenido en Madrid y la que más ha conseguido de los sucesivos gobiernos. A la vez es, paradójicamente, la que mantiene un relato más victimista de cómo le trata España, y la única cuyos líderes han sostenido que España les roba. La mitad de los catalanes no les compran el relato, pero esa mitad no cuenta. Hay que reconocer que han conseguido sorber y soplar, a la vez. Otro imposible, logrado.
La investidura de Pedro Sánchez va a convertir en hechos lo que el 23 de julio se consideraba imposible. La negociación ha alejado al PSOE de los electores, pero le ha dado los votos necesarios. La política es el arte de lo posible y, a veces, de lo imposible. Ahora toca gestionar lo imposible. Necesitamos políticos responsables, moderados y con sentido de Estado. Veremos.
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