Definir sexualidad no es tarea sencilla: la OMS abarca dicha definición de una forma amplia como «un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida, que abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual». Lo cierto es que la sexualidad nos acompaña toda nuestra vida y se va desarrollando con el conocimiento del cuerpo, con su aceptación, con factores socioculturales, las experiencias y el aprendizaje vital, lo que le inculca dinamismo en su evolución y percepción. La disfunción sexual, de nuevo acudiendo a la OMS, se define como «la dificultad o imposibilidad del individuo de participar en las relaciones sexuales tal y como desea».
Los avances de las últimas décadas en diagnóstico precoz y alternativas terapéuticas han supuesto mejoras significativas en las cifras de supervivencia de cáncer. Sin embargo, el diagnóstico y tratamiento del cáncer conlleva un impacto en múltiples dimensiones relacionadas con la calidad de vida, incluida la sexualidad. La prevalencia de la disfunción sexual en pacientes con cáncer varía según el tipo de tumor y tratamiento recibido, pero aproximadamente entre el 50 y 60 % de los pacientes experimentan impacto en su sexualidad tras el diagnóstico, durante y tras completar el tratamiento oncológico.
El cáncer en sí mismo puede afectar tanto a la sexualidad como al funcionamiento sexual, y las diferentes modalidades de tratamiento tienen un impacto sobre los individuos con consecuencias físicas, psicológicas, y sociales. El cáncer y los tratamientos ofrecidos pueden afectar el funcionamiento físico, endocrino, neurogénico y vascular. No son solo las consecuencias iatrogénicas de cualquiera de los fármacos o intervenciones terapéuticas utilizados para el tratamiento del cáncer los principales agentes causales, también el impacto psicosocial, incluido el estrés emocional, la ansiedad o la percepción negativa de los cambios corporales pueden afectar a la función sexual.
Sin embargo y a pesar de su alta prevalencia, la disfunción sexual es habitualmente infradiagnosticada e infratratada en pacientes oncológicos, siendo múltiples los factores que pueden influenciar esta realidad. Distintos estudios demuestran que el diálogo médico-paciente en términos de disfunción sexual no ocupa la prioridad de la consulta médica, y las razones son de nuevo de distinta índole, abarcando desde barreras de conocimiento por parte de los profesionales sanitarios hasta barreras implícitas a la prioridad de los síntomas, que pueden ser los que el paciente considere y cree que debe manifestar más abiertamente en la consulta. Debido a esto, es probable que los pacientes no tengan suficiente información, apoyo o recursos que les ayuden a sobrellevar sus sentimientos o problemas sexuales. Resulta clave mantener un diálogo abierto y honesto con el equipo de atención médica sobre qué se debe esperar, qué puede estar cambiando o lo que ha cambiado en la vida sexual de un paciente en tanto pasa por procedimientos, tratamientos y cuidados de seguimiento. Intervenciones de un consejero o terapeuta sexual que puede ayudar a sobrellevar algunos temores y preocupaciones sobre los efectos del cáncer, u otros profesionales que pueden recomendar intervenciones con los problemas físicos que están interfiriendo con la función sexual, son altamente recomendables
La sexualidad continúa siendo importante para muchas personas con cáncer y, sin duda, la salud sexual debe integrarse en la atención integral de pacientes oncológicos. La investigación en este ámbito es clave para desarrollar intervenciones personalizadas que aborden la alta prevalencia de disfunción sexual, sus posibles causas, impacto en calidad de vida y los efectos de determinadas intervenciones. Solo con resultados sólidos que cuantifican la magnitud y diversidad del problema podrán incorporarse medidas para abordar la salud sexual en los protocolos y vías de atención para esta población de pacientes.
[En el servicio de Oncología del Chuac se están llevando a cabo en el momento actual dos estudios clínicos focalizados en salud sexual en pacientes con cáncer de pulmón y cáncer de mama].
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