Poner orden en los eólicos

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

Vista de un parque eólico en las proximidades de Tineo, Asturias
Vista de un parque eólico en las proximidades de Tineo, Asturias j.l.cereijido | EFE

13 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace más de 20 años que se inauguraron los primeros molinos de viento en Asturias, fue en La Casa del Puerto en Tineo. Aquel acontecimiento provocó toda una peregrinación para descubrirlos de cerca pues causaban admiración por sus dimensiones, que en la lejanía no se aprecia y, sin pretenderlo, rememoraban el famoso pasaje de El Quijote. Hasta ahora la instalación de los parques eólicos no produjeron mayor contestación que la de aquellos negacionistas que se oponen a cualquier cosa novedosa que surja. Las grandes empresas energéticas, sabedoras del cambio que se ha de producir, aceleran la producción de alternativas, y la energía eólica es una apuesta segura que sigue su expansión. Los ayuntamientos del occidente, que desde hace años se ven ir a menos en todos los sentidos y que cuentan con escasos recursos propios, han visto en las tasas implantadas a las torres de viento, un alivio presupuestario que les ha devuelto el aliento. Y los propietarios de los terrenos ocupados sacan una renta a unas propiedades que eran de mínimo rendimiento.

Hay hasta ahora 24 parques eólicos en funcionamiento, lo que suponen 531 aerogeneradores, una cantidad que con toda seguridad ha de crecer, esperan un total de 50 solicitudes en tramitación. Y sucede lo que siempre sucede, surge el conflicto entre las partes implicadas. Las empresas piden que se agilicen los proyectos, algunos ayuntamientos del occidente les parece excesivo plagar de molinos su territorio.

Pese a quien pese y dígase lo que se diga el carbón y las minas en Asturias son cosa del pasado y la puesta en marcha de otras alternativas energéticas resulta necesario y oportuno. Evidentemente que la transformación ha de hacerse con criterios claros y científicos, pero hete aquí que se chocan distintos intereses. Las empresas defienden sus intereses que lógicamente son los beneficios económicos. Algunos movimientos ciudadanos del occidente han dicho que ya está bien de considerar a los eólicos el monocultivo de su zona. La administración ha de gestionar, que para eso está, ardua tarea que ha de procurar el beneficio colectivo. Es verdad que estas cosas importan a unos pocos y a la mayoría ni les va ni les viene aunque no debería ser así.

La señora consejera de Transición Ecológica e Industria, de apellido impronunciable, promete tramitar una norma que regule la instalación de parques eólicos, lo significa que la actual no cumple el papel que debería. Según lo que se difunde no va a resultar fácil complacer a todas las partes y al interés general si además aparecen peleas políticas.

Cuando esa nueva normativa llegue, debería abordar también lo que concierne a las instalaciones en el mar. Los pescadores ya han levantado la voz, ellos si están alerta a lo que puede venir, aunque se puede vaticinar que si no son ellos serán sus hijos los que faenarán entre aspas en movimiento de los molinos.