Lo grotesco o las tragedias grotescas

OPINIÓN

21 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace años, casi siglos, escribí de la conveniencia de seguir estudiando Gramática, continuando lo que aprendí de las primeras letras en el aula de un colegio de monjas teresianas, sito arriba, en la ovetense calle González Besada. Ese colegio estaba casi enfrente de un inmenso solar, hoy inmenso bloque de viviendas, levantado por una inmensa constructora. La propiedad del solar fue de las «Hermanitas de los Pobres», que mejor sería llamarlas «de Ricos», manteniendo el diminutivo. Fue vender el solar y dejar de sonar el «tilín tilín», agudo como las monjitas mismas, de la campana conventual, anunciando la Misa de las diecinueve horas, siempre muy concurrida por el mucho beaterío de la zona, por San Miguel, Campomanes y Santa Susana, de Oviedo.

Recuerdo que el 19 de marzo de 1978, para celebrar la onomástica, José Pérez Montero me invitó a su «casa rosa», en el Prao Picón, a merendar café y pastas de confitería. Quedé impresionado ante un cuadro, pintado por su padre, el profesor de dibujo apellidado Pérez Jiménez. Ese cuadro, de dimensiones gigantes, ocupaba todo el salón de vidrieras, aquello parecía una catedral, que estaba en la planta segunda, representadas escenas del asilo de las «Hermanitas de los Pobres», con ancianos muy patéticos e iluminados con candiles, y viéndose unas monjitas, pequeñitas, muy santas, como suelen ser ellas.

Y pregunto: ¿Dónde estará hoy ese lienzo? ¿Acaso en un sótano del Bellas Artes, el de muchos flecos y de alguno con flequillo?

Después de las monjas teresianas, no de las «teresianas señoritas», llegaron los de sotana y babero, lo de los Maristas, en Santa Susana, con un libro acartonado de Gramática de la Editorial Edelvives, que fue abecedario o catón. El Hermano Hermilo, cuello de toro y con cruz al pecho brillante por frotamientos con sidoles y netoles, enseñaba unas veces a golpes y otras a caricias, dependiendo de los vientos del Aramo.

Mi preocupación gramatical es también evangélica: «El principio era el Verbo…y el Verbo era Dios», así se dice en la primera línea del Evangelio de ese extravagante que fue San Juan, acaso también apocalíptico. Y un hablar, según el diccionario de la RAE, que significa emitir palabras, lenguaje de los humanos, para lo cual no basta tener lengua: se precisan más cosas. Los pájaros también tienen lengua, pero no hablan, el lenguaje de pájaros.

El último libro, ahora, de aquella ciencia gramatical, teniendo en cuenta que el hablar cura y la soledad degrada, se llama Guía práctica del español correcto del Instituto Cervantes, que, como es notorio, de Cervantes tiene poco y mucho de Instituto, casi cuartelero. Aquella Guía tiene un prólogo en el que la autora, una tal Carmen, lo comienza de la más gramatical manera posible: «El Instituto Cervantes, en consonancia…», palabra muy gramatical, si bien añade seguidamente: «Que esta Guía bebe de las últimas teorías de la lingüística…», no gustándome la palabra «bebe», tan propia de la ingesta o trago de líquidos, como los anises y el chinchón, y para nada de Gramática.

Sí me gusta, por el contrario, lo que escribe la prologuista, sobre lo a conseguir con la Guía: «claridad, concisión y precisión». Eso mismo, que parece serio siendo una bobada, también lo predican las leyes de «los enjuiciamientos» para las sentencias, aunque es sabido que, para que una sentencia sea científica, ha de ser obscura, farragosa y etérea. Siempre me reí de eso del lenguaje asequible en lo jurídico, como si lo jurídico, no fuera asunto de dioses y de vírgenes vestales.

De esa novedosa Guía, me interesaron no sólo los llamados en primer lugar, errores morfológicos, también los denunciados en segundo lugar, errores sintácticos; y hasta los terceros y últimos, llamados, acaso con pompa, platillos y tambores, de naturaleza léxico-semántica. Errores todos que la Guía destaca y que impiden, según ella, la práctica de un español correcto. Y dentro de los errores léxicos-semánticos, como novedad de la nueva Guía práctica del Instituto Cervantes, está lo que denomina, «malapropismos», que tan feo suena.

Pudiera ser que después de esa palabra, mis lectores y lectoras, asustadizos como los estorninos, y esta vez sin la advertencia previa con la que empecé el anterior artículo, hayan ya bostezado por aburrimiento, pero animo a que continúen leyendo, pues lo siguiente es como de «cachondeo», simpático, y ello, no obstante saber, lo que escribiera Pla: «Pedir a alguien que te lea o te siga leyendo, es tan desaconsejable como pedir que te quiera o te ame. Puede ser terrible si te dijera sí». Y ejemplos de «malapropismo» son, entre otros, los siguientes dimes y diretes:

-«Endereza tú la ensalada», debiendo decir: «Adereza tú la ensalada».

-«Es una persona fabulosa, un desecho de virtudes», debiendo decir: «Es una persona fabulosa, un dechado de virtudes».

-«El caviar se hace de huevos de centurión», debiendo decir: «El caviar se hace de huevos de esturión».

-«Me han colocado una antena paranoica», debiendo decir: «Me han colocado una antena parabólica».

La misericordia, aunque es propiamente atributo divino, suele pedirla los escritores, ante los tres típicos errores gramaticales, pero la gravedad de los léxico-semánticos (errores) es tal, que jamás se perdonan y hasta hacen dudar de la inteligencia o de la sanidad mental de quienes los cometen, desde el nacer o después. Por lo cual, se recomienda no pecar nunca de «malapropismo», que es como un manoseo solitario como lo del Sexto Mandamiento.

Por si, para lo grotesco, no bastara con lo hasta aquí escrito, escribo que leí en un periódico de lejanía, no de los de vecindario, a un especialista en esa ciencia tan poco científica que es la de la Política, tan racional como irracional, tan de verdad como de mentira, tan de épica como de pantomima (Valentín Puig), que hizo (el especialista) un elogio que tituló Elogio de lo grotesco, señalando una evidencia: «España es país sobresaliente en aspectos grotescos». También el «perito» en Política se confesó de una manera casi sacramental: «Me interesa lo grotesco en todas sus dimensiones, desde la física hasta la intelectual». Y como ese científico es progresista y muy de izquierdas, analizó lo que llama (con números y no con letras, algo muy incorrecto gramaticalmente) «los 10 momentos indiscutiblemente grotescos en la vida pública española de 2023», siendo todos y cada uno de los diez momentos protagonizados por la derecha o las derechas.

Y vuelvo al principio del anterior párrafo, para decir que si no soy de periódicos de vecindario, frente a los de lejanía, es por una razón principal: a mis apreciados vecinos, los escucho con mucha atención y cortesía siempre, siempre, pero nunca, nunca, leo, y menos en estos tiempos de elevada inflación y de costes elevados.

Al científico y escritor progresista, me atrevería a puntualizar:

a).- Que lo grotesco de lo español, más que grotesco a secas, es trágico-grotesco. Todo lo español es de esa mezcla de lo trágico y lo grotesco, y eso lo escribo no sólo por mi admiración a lo escrito por Baroja y Unamuno sobre las «Tragedias grotescas», que no son un sainete, un esperpento o una trágica-comedia como La Celestina. Y unas tragedias grotescas muy de esos dos «vascos y españolazos» que fueron el vizcaíno Unamuno y el donostiarra Baroja.

b).- Un soriano radiofonista, llamado Abel Hernández, en su libro Historia de la Alcarama (2008), advierte: «No siempre es progreso lo que parece», teniendo en cuenta, además, lo del refrán: «El que no cojea, renquea». Y para tragedia grotesca, de temblar y de reírse al mismo tiempo, lo mejor es lo del Gobierno de izquierdas de España, y destaco, para más mérito y alarde vanidoso de independencia, que no soy ni estoy en la «derecha», lo cual no me impide reírme del Gobierno de progreso. En el siglo XVII español, también como ahora, el de las fantasmagorías barrocas, se decía ridendo dicere verum.

Y escribo lo que antecede con pies de plomo por el pavor que me causa ser eso tan belicoso o guerra/civilista que se llama la polarización, que es modalidad de la «neuropolítica», estando todos «neuropolitizados». Y la risa, «el reírse de», en este caso del Poder, es, además de arriesgado, muy demoledor. Fue de risa lo que ocurrió el 9 de enero en la sede del Senado, atribuyendo muchos a Junts, aliado del Gobierno progresista y acerca de la inmigración, un «supremacismo» y tufillo a xenofobia de la ultraderecha, no dudando uno, del progreso, a titular así su columna: «Turull, senda Le Pen»; no dudando otra, también del progreso, a titular: «La ciénaga del debate migratorio». Y la cosa continua, pues Pedro Sánchez dice una cosa y sus aliados dichos la contraria, lo cual es una inmensa tragedia grotesca.

Y regresando a las tragedias grotescas, toca escribir de lo del Palacio de Revillagigedo. Aquí mismo, el domingo, 22 de octubre de 2023, señalamos, con advertencias, que tal Palacio, si fuese propiedad de la llamada Cajastur, no estaba inscrito en el Registro de la Propiedad a nombre de la tal, con lo cual, si así fuese, se incumplían las normas estatutarias de esa misma Fundación y la Ley de Fundaciones, que obligaban a esa inscripción. Ahora sabemos que esa inscripción, posteriormente, en diciembre, se produjo. Lo cual implica:

A).- Que el Patronato de CajaAstur, tardó casi diez años en cumplir la legalidad, pues a ello venía obligado desde 2014. Y hay que pensar mal, pues si eso pasó con los inmuebles, ejemplo de fijeza e inamovilidad, qué cosas se pueden pensar de los muebles, cuadros y joyas, tan fácilmente trasladables de un lugar a otro.

B).- Aunque con mucho retraso, hay que felicitar a la Fundación por esa cosa tan «insignificante» que es cumplir con la Ley y los Estatutos, por los que dicen que se rigen. Me felicito, con toda modestia, por haber contribuido al tránsito de la ilegalidad a la legalidad.

C).- Dado que en nuestro artículo de finales de octubre se hizo alusión a la Sra. Alcaldesa de Gijón, la hemos ahora de recordar que ese Palacio, según testimonio de expertos galeristas de Gijón y de exposiciones de pinturas, no reúne las condiciones óptimas para hacer en él exposiciones de envergadura. Luego, recomendamos a la autoridad municipal mucho cuidado.

Y para finalizar una de psiquiatras.

Los psiquiatras, dentro de las patologías mentales, incluyen los llamados síndromes. Hay patologías mentales mucho más graves que los síndromes, es verdad, pero la vigilancia ha de producirse, pues lo que empieza como un síndrome, incluso aparentemente inocente, con el tiempo puede terminar en locura.

Uno de esos síndromes, es el llamado «síndrome de Estocolmo», que consiste más o menos, aproximadamente, en manifestar sentimientos positivos, como de afecto o empatía, en vez de antipatía o rechazo, a los que de una manera o de otra, están haciendo «la puñeta», manteniendo, por ejemplo, la cautividad tan traumática. Algo parecido es lo de Autoridades que reiteran las gracias y gracias, no cesando de dar gracias, y se olvidan reclamar lo que se debería reclamar. Eso pudiera pasar a la alcaldesa de Gijón en relación a la extinta Caja de Ahorros de Asturias, en la que Gijón, como entidad fundadora, tanta importancia y derechos tuvo. Y también, parecido síndrome mental, pudiera tener una alta funcionaria, o mejor, una política de Cultura del Principado, que, en vez de reclamar por la vía judicial la devolución del Goya a la Fundación Selgas-Fagalde, agradece que el Museo del Prado lo pasee un rato por Asturias.

¿Quién dijo que la última decisión, no devolución del cuadro, de quien fuera ministro de Cultura, Miguel Iceta, resultase no recurrible a los tribunales? ¿El actual ministro participa del criterio del anterior? ¿Tendrá importancia el hecho de que Barbón, presidente del Principado de Asturias, sea del PSOE e Iceta sea del PSC?

¿Y quién será hoy el propietario del edificio «barco», sito en el Plaza del Monte de Piedad de Gijón, antes de la Caja de Ahorros de Asturias?