Solucionando un argayo

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

TPA

27 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Estando en Asturias y en periodo de lluvias resulta de lo más habitual que se produzcan argayos. Además de los originados por la propia Naturaleza, para recordarnos que está viva, los hay que son provocados por la intervención humana. Hace algunas fechas se produjo un argayo en Luarca que está dando lugar a comentarios generalizados y que a buen seguro lo seguirá haciendo por tiempo y tiempo.

El argayo de Luarca tiene de singular que se originó a la altura de la playa Primera, lo que ocasiona que su acceso quede cortado en tanto en cuanto no se consiga asegurar el talud, y se logre que el tránsito por la zona no suponga ningún peligro.

Hallándonos ahora en pleno invierno el trastorno que ocasiona es mínimo, aunque priva a la villa de un buen número de aparcamientos. Los potenciales usuarios de la playa han de mostrarse optimistas, viendo que las obras se han iniciado con celeridad y de cara al verano todo hace indicar que se podrá disfrutar de los arenales y los baños sin ninguna restricción.

Habituados a ver que en las obras públicas lo normal, lo que siempre ocurre, es que se da a conocer y se prometa una actuación, y que se proclame a bombo y platillo, pero no se sabe nunca cuando empiezan y mucho menos cuando acaban, y no creo que haga falta poner ejemplos, por ello también, el argayo de Luarca es singular. Ante tal prontitud a la hora de acometer una obra de tal calibre, no queda otra que levantar la copa y brindar, brindar por el alcalde de Valdés, brindar por toda la corporación, o brindar por quien sea que haya logrado este milagro de conseguir que una obra se lleve a cabo en los plazos mínimos.

Los municipios del entorno y sus respectivos regidores están que echan humo, todos ellos están pendientes de obras, que entienden como urgentes o importantes y que se ven un año y otro relegados, mientras que Valdés parece tener bula ante estancias superiores, que para otros son inaccesibles.

Además de este asombro general por la forma de proceder ante esta situación derivada del argayo, también sorprende, y mucho, la cantidad de dinerom asignada para ejecutar la obra, tres millones abundantes. Para el común de los humanos cuando se habla de millones de euros hay que hacer un esfuerzo mental considerable para imaginar lo que son esas cantidades. Supone la cantidad en cuestión el equivalente al sueldo anual de 100 obreros o si se prefiere el menú del día de una persona durante 1000 años.

Se supone que para los expertos en la materia la cantidad es acorde a lo proyectado, pero en cualquier caso una cantidad enorme. Una cantidad que nos puede llegar a concluir que en algunas administraciones el dinero brota como un rebosante manantial o, acaso se pueda entender también, que de tanto abrigar la cabeza dejemos destapados los pies.