En este mundo hiperactivo en lo digital y más bien apático en todo lo demás, las series han colonizado el espectro cultural y del entretenimiento, que a veces, y sólo a veces, se obra el milagro y van de la mano. Decía Rafael de Paula que el Espíritu Santo no sale en la tele, pero tras ver Balenciaga está claro que el Maestro se equivocaba.
Me pasó lo mismo que escribió Edu Galán en ABC: «Una de las cosas más bonitas de la vida es entusiasmarse sin esperarlo. Esta suerte me ha regalado la serie Balenciaga». Llegué a la serie con curiosidad, altas expectativas y algo de desdén. Ya en los primeros minutos me recogió en sus imágenes, en ese vestuario, en la música y en la brillante interpretación de Alberto San Juan; que para mí ya es inseparable de la imagen del modista de Guetaria. Todo lo que me habían dicho se quedaba corto, y eso que soy de los que basta que me ponderen muy bien algo para que, con una pizca de esnobismo y capacidad crítica, lo vea con cierto rechazo y el puñal en la mano.
Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, los directores, no tenían un perfil claro de actor para interpretar al diseñador, pero cuando vieron a San Juan en el casting supieron que era el adecuado. Viendo el resultado: no pudieron estar más acertados. Como Cristóbal Balenciaga, logra levantar el velo misterioso que siempre ha envuelto al vasco, nos permite profundizar en esa gran figura del siglo XX, da a conocer su genialidad y acerca la importancia de la moda en la historia y en nuestra vida.
Alberto San Juan, además de ser uno de los grandes artistas de este país, es uno de los más comprometidos socialmente y siempre está en defensa de sus ideas de izquierdas. Para unos es un héroe, una figura clave en la defensa del pueblo y los más débiles; para otros un rojo o un comunista, «un actorzuelo que vive como un rey y juega a ser pobre». Está claro que es un tipo que no rehúye la controversia, defiende sus ideales y, al contrario de los «bienqueda», pone su cara siempre por delante. Se equivocará, como todos. Hay ocasiones en las que está cargado de razón y también las hay en las que suelta auténticas boutades. Pero me cae bien, va de frente y pisa charcos, y sobre todo es de lo mejor que se puede ver en la interpretación española: uno de los que vocaliza y se le entiende.
«El prestigio queda, la fama es efímera». Háganse un favor y vean Balenciaga.
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