Aunque a un ritmo más lento que algunos de nuestros vecinos, la movilidad en España se encamina hacia lo eléctrico y las cifras así lo demuestran. Según la asociación nacional de vendedores de vehículos GANVAM, en el 2023 las matriculaciones de turismos eléctricos aumentaron un 53 % con respecto al 2022, y en el 2030 se venderán cerca de 100.000 eléctricos puros, más del doble que el año pasado. La revolución de la movilidad eléctrica ha comenzado, por lo que los concesionarios deben adaptarse y encontrar soluciones para mantenerse competitivos. La venta de vehículos eléctricos tiene que ser una prioridad para todos los distribuidores, pues es una oportunidad clara de crecimiento. El alcance del impacto, tanto en términos de ingresos como en la formación del personal y las intervenciones de mantenimiento, es amplio.
Más allá del dinamismo aportado por la electrificación, ofrecer vehículos de este tipo permite a los concesionarios tener una imagen positiva y respetuosa con el medio ambiente. Esto se convierte en una ventaja competitiva frente a consumidores cada vez más sensibles a las cuestiones medioambientales y atrae a una nueva clientela preocupada por estos temas.
Pero la electrificación del parque también presenta grandes desafíos para el sector, pues obliga a los concesionarios a revisar su modelo económico y encontrar otras fuentes de ingresos para hacer frente a una esperada disminución de los mismos. De hecho, los vehículos eléctricos requieren menos mantenimiento debido a la simplificación de la cadena de transmisión y a la ausencia de ciertas piezas de desgaste comunes (embrague, correa de distribución, etcétera.) Esto representa una pérdida de ingresos en el servicio posventa de los concesionarios.
A esto se suma la problemática relacionada con la recepción de modelos eléctricos. Los concesionarios se ven obligados a adaptar sus instalaciones con puntos de recarga y la adquisición de equipo específico para el mantenimiento y manipulación de las baterías. La reorganización de sus espacios de venta, necesaria para destacarse de la competencia, genera inversiones costosas.
El mantenimiento de un vehículo eléctrico también requiere habilidades específicas. Por lo tanto, los distribuidores de automóviles deben desarrollar las capacidades de sus equipos para contar con recursos humanos adaptados a estas nuevas necesidades. Los mecánicos y técnicos de los servicios de mantenimiento deben adquirir nuevas competencias relacionadas con estos tipos de motorización.
Ante estos desafíos, los distribuidores deben mostrar reactividad y agilidad para aprovechar este mercado en plena expansión. En estas condiciones, podrán seguir ofreciendo servicios adaptados a las necesidades de su clientela. La colaboración con fabricantes y organismos de formación será esencial para acompañar eficazmente a los empleados en su desarrollo de habilidades e impulsar la fidelización de los equipos.
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