La historia se escribe sobre el silencio. Es en el silencio donde reside la verdad, en todo lo que se calla por miedo. Yo no sé mucho de historia. En el instituto no me gustaba, tanta fecha y tanto nombre recitado y vomitado sin sentido. Pero entiendo su importancia, y la entiendo porque formo parte del bando al que han acallado a base de amenazas, torturas y asesinatos. A mí no, entiéndase, pero en mis genes habitan el silencio y la tristeza. Y la historia se escribe sobre el silencio, la tristeza es solo el resultado inexacto de emociones perdidas tiempo atrás.
No sé mucho de historia. Ni siquiera sé mucho de mi propia historia. Retazos, quizá, una sucesión de hechos que me enorgullecen pero que no dan respuesta a la necesidad de una memoria que, trastantos años, va entretejiéndose en el surco del pensamiento colectivo. Sé tres cosas: a mi bisabuelo lo asesinaron por no alzarse en contra de la república siendo él guardia civil, tengo un tío abuelo tirado en alguna cuneta de algún pueblo de León y mi abuelo fue guerrillero, comunista y tenía el miedo tan cosido a la piel, que el 23F se deshizo de todo documento que ahora pudiera ayudarme a hilar su biografía.
También sé que no estoy sola, que esta es la historia de millones de personas en un ficticio país llamado España. Sé que esta es una tristeza compartida que va rompiendo los silencios y abriendo fosas y descubriendo nuevas cunetas y dando paz a quienes nunca creyeron poder alcanzarla, aunque para algunas personas llega tarde muy tarde. Porque sí, porque tristeza y dolor forman la palabra rabia. Una rabia abierta, global, precisa. Un espejo que no distorsiona la realidad, un espejo que ilumina la verdad que nos han robado.
Porque frente al silencio, la verdad es el único camino. Y, por muy difícil que se lo pongan, hay personas que están trabajando, en condiciones muy precarias pero con determinación, para que ese camino sea una autopista hacia la justicia y la reparación. Gracias.
No me gusta la historia, no sé de historia, ni siquiera la mía propia, pero sé de sentimientos universales que brotan de la necesidad de compartir la tristeza y convertirla en una rabia sanadora, creadora. Porque tal vez no, no sepa de historia, pero sí sé del lento pero nada azaroso movimiento que se da cuando muchas personas deciden que se acabó, que a partir de ahora ellas escriben lo que con sangre se les arrebató. Y aquí me da igual cual sea el sujeto ejecutor: fascismo, patriarcado, capitalismo. Porque si de algo sé, es de ser objeto y de no formar parte de la historia. Pero se acabó.
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