Gijón siempre grande, ande o no ande

OPINIÓN

Letras de Gijón en los Jardines de la Reina
Letras de Gijón en los Jardines de la Reina

07 abr 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

I.- Proclamaciones y eslóganes mirando a la Bahía gijonesa

Explican los geógrafos que las grandes ciudades, Gijón es una de ellas, que no son lo que antes se llamaban capitales de provincia, como es Oviedo, necesitan de eslóganes y de propagandas para vivir con tranquilidad, frente a confusiones, complejos y comparaciones, siempre identitarias. La palabra «eslogan» me gusta, pues sabe a chicle, ambas del anglicismo, permitiendo estirar y encoger, dar de sí o menguar, incluso hacer bombitas para explotar, escuchando no palabras, sino ruidos, un «pluff» o un «ploff»

Dicen los especialistas que con lo de los eslóganes se ha de tener precaución, pues pueden llegar a ser incendiarios y precisar de dotación de bomberos «apagafuegos», con luces rojas, escaleras y hasta con banda de música. Hay unos eslóganes, según dicen, que son peligrosos, que alimentan patologías de megalomanías, viéndolo todo muy «mega»; otros arrebatan de tal manera que hacen enfermar a quien los sufre, precisando psiquiatras para curar los casos más delirantes, incluido el conocido «delirio de grandeza», y siendo los arrobos en general y los místicos en particular, uno de sus modos. Quedan, según los expertos, los más insignificantes y últimos, caso de los perifollos para adornarse, la quincallería, los relumbrones y la bisutería barata. 

Para escribirlo todo, hay que decir también lo bueno de los eslóganes, lo benéfico y saludable, pues son fuente de emociones, campo de excelencia femenina y de fascinantes lujurias de vida, frente a las demás lujurias, las masculinas, más tristes. Y hay que citar ahora a Laura Esquivel, El libro de las emociones, donde escribió: «No hay ser humano que pueda vivir un solo día sin experimentar alguna emoción». En octubre de 2023, en la Nota a la edición por Alianza del libro de Francisco Mora, La emoción, fuente de vida, éste escribió: «La emoción es la energía que mueve el mundo. Una energía cuya función es la más importante en todo el universo vivo».  

Gijón fue ciudad de eslóganes, siendo muy recordado el de aquellos tiempos, en los que Mari Trini, en El Jardín, en Somió (Gijón), cantaba lo que algunos ya sabíamos: «Yo no soy esa, esa que tú te imaginas». Era el tiempo del eslogan tan de Gijón: «Gijón, la capital de la costa verde»; más tarde también hizo «pluff» o «ploff», en el momento en que el verde de la costa, dejó de ser tal y pasó a ser marrón. «Gijón, capital de la Costa Marrón o Marrona», pudiera ser, pero no es pegadizo aunque lo parezca, y si no «pega», no hay eslogan que valga. 

«Gijón, capital de la Costa Verde» en tiempo de otros Jardines, como los del Palmeral de la Reina, de donde «salían tranvías lentos, distantes, desvencijados, que parecían viejos burros, abultados y amarillos ya descoloridos», que llegaban al Muselón. Tiempos aquellos de motocarros, de cafés de pota, de venta ambulante de sardinas y chicharros, y hasta trapicheos de tabaco «rubio», de contrabando, en el Mercado del Sur.   

Gijón fue siempre, acaso por ser de eslóganes, ciudad de «grandonismos», siendo más de diminutivos la capital de la entonces provincia, llamada por eso, sin concordancia, «El Oviedín del alma». Y en lo escaso diminutivo de Gijón siempre hay y hubo un «grandonismo» enorme, gigantesco, siendo ese el caso del llamado «Rinconín», el de detrás de la Lloca, en tiempos del también «grandón» Álvarez Areces. 

Por eso, acaso por todo eso, allá por febrero de este mismo año, aquí mismo, mientras unos y otras, invitados al banquete del aniversario, masticaban pastas surtidas a pleno rendimiento o «a dos carrillos», se escuchó desde un atril, como de directora de orquesta o de violinista en el tejado, la «buena nueva»: la denominada «vía gijonesa» para el relanzamiento de la cultura local; todo «un nuevo modelo -se dijo- que trascenderá a la cultura; se inundarán las calles; y será nuestro sello». 

Y siempre desde Gijón y en Gijón, con o sin Moriyón, que hacen pareado, se pensó en lo grande y a lo grande; siempre el «grandonismo». Y sin perder, por supuesto, la identidad gijonesa, pues el concejo de Gijón es muy singular, sin riesgo de desaparecer ante mezclas e integraciones; nada de perder la identidad por asimilaciones, como les pasa a los de otros pueblos más del Medio Oriente. 

Gijón fue proclamada, urbi et orbi, desde la balconada marítima como mirando a la plaza, con las indulgencias de costumbre, «la ciudad de los museos», teniendo muchos más que los que cuenta la vecina ovetense, ciudad y capital. Y la alcaldesa gijonesa, forista ella, con gran precisión y como muy segura de lo que decía, tan «grandón», añadió: «Esta ciudad siempre ha crecido a partir de la ambición por hacerse grande y de la valentía de ir a por ello. Con la cultura también tenemos que pensar en grande». 

En ese discurso de patriotismo local y muy moderno, están las claves y llaves que son la identidad y la grandiosidad: lo nuestro y siempre lo más grande. Seguro que el tripartito de derechas que votó a la dama política del FORO hace meses, cuando lo de la toma de posesión, haría lo mismo después de la palabrería, también eslóganes, muy de Patria querida, de ahora. ¿Y qué dice la izquierda socialista? Al parecer, nada, nada de nada; absolutamente nada. ¡Ay Floro, Florín y Flor, qué dentadura tan blanca la tuya, debajo del bigotazo, en las fotos de campaña! La izquierda parece que es más de hacer que de decir; yo no lo creo, visto lo de la Caja de Ahorros de Asturias.

Dos hechos son destacables del pronunciamiento sobre la «vía gijonesa», ya tan esperada, cacareada y de tanta emoción: 

A.- En primer lugar, causó sorpresa que un discurso tan institucional, y sobre asunto tan importante para la comunidad local, se haya pronunciado en un acto festivo, de aniversario, de una empresa mercantil de naturaleza privada, cuyo objeto social es el negocio de la comunicación. Acaso la señora de FORO se embarulló entre tanto foro, que son tres: el suyo, y los otros dos, el público y el privado. Esto ya lo explicó Kant en el opúsculo ¿Qué es la Ilustración?, firmado en Königsberg (Prusia) el 30 de septiembre de 1784, pero los y las de «ciencias» no lo entienden. 

B.- En segundo lugar, causó sorpresa que tan alto y grande acontecimiento de futuro como fue lo de la vía gijonesa y el nuevo modelo cultural de Gijón, hasta con inundación de calles, sólo a meses de la redacción del programa electoral del Partido FORO para el Ayuntamiento de Gijón, nada se diga o apenas se diga sobre el gran anuncio, habiendo una escueta referencia al edificio de la Tabacalera, joya de joyas, que, al parecer, es uno de los equipamientos esenciales, núcleo central para la «vía gijonesa», junto al Palacio de Revillagigedo, tan raquítico, y otros. 

En ese programa electoral, en el apartado VIII, dedicado a «Servicios públicos, cultura y educación» se menciona al edificio de Tabacalera al decir: «Un edificio de Tabacalera por explotar y que necesariamente debe ser el gran estandarte de la ciudad y un símbolo de la marca Gijón». Y se añade luego: «Proyectamos convertir Tabacalera en un centro de arte capaz de albergar exposiciones temporales de las colecciones de Pérez Simón, Masaveu o Plácido Arango. Es una oportunidad histórica para Gijón; un antes y después en la ciudad. Hablamos de la posibilidad de tener en Cimadevilla colecciones con piezas de Goya, Picasso, Van Gogh o Rubens». Lo oído en el acto aniversario pareció a muchos tener otros tonos y otras músicas.

Fue una pena que el hallazgo de lo anunciado, en febrero de 2024, no se hubiese encontrado en mayo de 2023, tiempo electoral, pues en ese caso hubiese habido un añadido más al éxito electoral de FORO, haciendo innecesario, acaso, el apoyo de la extrema derecha que, al parecer, nada gustó ni a ellos mismos, pero que fue tan necesario para llegar a ser lo que son hoy, ella y los suyos. 

Muchos me preguntan: ¿De quién proceden tales genialidades y ocurrencias, de partes o de terceros, como dicen los juristas? ¿De partes o de terceros, o sea, de la alcaldesa, de Foro, de un ilustrado funcionario municipal, o de otros, terceros más lejanos a la Pescadería municipal, aunque con ansias de pan y peces? ¿Fue todo gratuito o, como dice el Código Civil en el artículo 1274, «con prestación o promesa de una cosa o servicio»? Lo que sea, se leerá, que es futuro.   

Y los que antes hacían lo mismo, ¿qué, qué de qué…? Total, que muy poco sé. Sólo sé que, tratándose de fenómenos físicos, como el de los vasos comunicantes, para observar bien, han de colocarse las probetas en derechura, ni torcidas ni al revés. Cada vez cuesta más trabajo, por desconfianza justificada, por doquier, creer en eslóganes y demás artificios publicitarios y del tinglado de estilistas. Es sorprendente que sólo los más antiguos pronuncian discursos sobre la innovación y modernidades, y que sólo los mayores contaminantes dan discursos de la sostenibilidad. Y es que la pela y la tela son lo que son, enseñándose en unos casos la tela y la pela en otros. 

Me apresuro a indicar que, aunque nacido en Oviedo, por mi voluntad trabajé y sigo viviendo en Gijón muy a gusto, incluso ya con descendencia gijonesa. Por todo ello deseo el éxito de la nueva vía gijonesa, rumbo a no se sabe qué. Y hablando de rumbos siempre me interfiere lo de «Rumbo a la Gloria», de la falangista «La Voz del Movimiento», en el Teatro Principado de Oviedo las mañanas de domingos, presentadas por la radiofonista Menchu y por el radiofonista Manolo (Aguadé). Hasta allí, para aplaudir, nos llevaban los Maristas. 

Siempre miraba con espanto, casi enfrente del Teatro, más a la izquierda saliendo, el local de la que fue «Funeraria Empresa Fortuna», hoy sede del Colegio Oficial de Aparejadores de Asturias, antes lugar de amontonamiento de féretros para muertos, a derecha e izquierda entrando al local funerario, a vista del público, en Cabo Noval. Eso fue asunto accidental, nada sustancial. 

II.- El Ayuntamiento comodatario

El primer hito fue el que fue -siempre de hito en hito como en lo de la oca, de huevos inmensos- mirando a la bahía escuchando las proclamas anunciadas, ante un público de mucha aristocracia y de élite, pues estaba hasta un conde. El segundo hito fue con ocasión de la firma del contrato o comodato, siendo comodante Cajastur, la de patrones, patronos y matronas, y comodatario la Administración local gijonesa. Allí la representante de la entidad comodataria calificó el hito de «primer pilar» o el «inicio de algo muy importante», y «estando Gijón así más cerca de ser la ciudad del futuro que queremos». Vuelta a lo mismo, y otra vez el «dale que te pego». 

Jovellanos, con cara de aburrido lo cual no resulta extraño, fue testigo, desde su óleo, de las maravillas vistas y oídas en el llamado «Salón de recepciones» de la Casa de la Villa, con mucho verde, color de la esperanza, y con mucho amarillo, color del veneno. Entre las maravillosas cosas dijo ella: «Firmado el convenio, el Palacio de Revillagigedo ya está en manos del Ayuntamiento». Dicho lo cual, uno de allí, no de El Bibio, apuntilló con puntería taurina: «Lo más importante no es saber lo que se tiene entre las manos, sino lo que se tiene entre las piernas».  

Se continuará en el próximo con el análisis del comodato, luego con lo de los caballitos de madera que están en el patio palaciego mirando lo de atrás de la pintura de Martínez Abades. Ya en el primer piso, el del vidrio, me acordé de Cervantes y de sus novelas ejemplares, primero por la locura de El Licenciado Vidriera ante esa vidriosa primera planta del Palacio, y luego, por lo de las Bolas-Espanta-Brujas, también en la primera planta, me acordé de los frecuentes embrujos en la otra novela ejemplar, El Coloquio de los perros, entre Cipión y Berganza. 

También recordaremos a Doña Etelvina Cuesta Valls, que vivió en el piso cuarto del número 6 de la calle Mendizábal de Oviedo, y en cuyo bajo comercial estuvo la afamada tienda Calzados Garrido. Y es que Doña Etelvina fue tía de don Francisco Crabiffose, director científico y muchas más, muchísimas «cosas» más, hasta alguna relacionada con la extinta Caja de Ahorros. 

Y entré en Palacio pensando lo del Vidriera, que dijo: «Yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear». Y salí de Palacio, después de ver lozas y rezar ante la Virgen de Lourdes allí colocada, intercesora para curaciones y gracias extraordinarias, muy decepcionado.