¿Por qué no llega el alto el fuego?

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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Un campamento de refugiados en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.
Un campamento de refugiados en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza. Ibraheem Abu Mustafa | REUTERS

11 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Vamos sabiendo algo más de lo que sucedió el lunes en El Cairo entre la delegación de Hamás y la de Egipto y Qatar, y también de cómo reaccionó el Gobierno israelí a la oferta de alto el fuego de los palestinos, y esto permite hacerse una idea más clara de en qué situación se encuentra esa posibilidad de tregua y el eventual, temido asalto a la ciudad de Rafah. Hasta el lunes, Hamás se había resistido al acuerdo porque la tregua que le proponían los mediadores egipcios le parecía demasiado breve, además de que no implicaba una retirada de tropas por parte de Israel. Pero el domingo el Ejército israelí, después de dos aplazamientos a causa de las presiones norteamericanas, había empezado ya a lanzar pasquines en Rafah ordenando a la población civil abandonar la ciudad y «buscar refugio en la costa» (donde nadie cree que se pueda encontrar refugio). Fuese o no por esta razón, Hamás aceptó entonces el intercambio de todos los rehenes y el alto el fuego, pero cambiando las condiciones para hacerlo más prolongado y con la garantía verbal de los egipcios de que harían lo posible porque se volviese indefinido. Esto cogió por sorpresa a Netanyahu, que había contado con el «no» de Hamás como coartada para la operación contra Rafah que le exigen sus socios de coalición más radicales con la amenaza de hacer caer al Gobierno. Netanyahu no podía ignorar la oferta de liberación de rehenes israelíes que acompaña la propuesta de tregua porque esto habría provocado la ira de los familiares de los secuestrados. De modo que optó por una solución intermedia: despachar una delegación a El Cairo para rebajar la iniciativa de Hamás (no mandó a nadie con autoridad para cerrar el acuerdo) y despachar los carros de combate a los alrededores de Rafah.

El resultado es que las condiciones de vida de los palestinos han empeorado sin que el alto el fuego esté más cerca. Fuentes cercanas a los comandantes israelíes sobre el terreno aseguran que incluso ellos están desconcertados porque se suponía que se iba a dar al menos una semana a la población para abandonar Rafah antes de iniciar la operación, y porque cada decisión que toma el gabinete de guerra no hace sino agravar la situación humanitaria sin obtener ventaja militar alguna. Por si fuera poco, Hamás responde a los movimientos israelíes bombardeando el paso de Kerem Shalom, donde ha matado a varios soldados. Lo hace porque es lo único que puede alcanzar fácilmente desde Rafah, pero el resultado es que este paso fronterizo con Israel, el más importante para la entrada de ayuda, está ahora cerrado.

Así las cosas, el alto el fuego, desgraciadamente, empieza a tener poco sentido. Con dos divisiones blindadas rodeando Rafah y el paso de Kerem Shalom reservado para movimientos de tropas, ni siquiera una tregua permitiría que la ayuda humanitaria llegase con un mínimo de normalidad. Lo único humanitario sería poner fin a la campaña militar, pero, precisamente porque esta no ha dado demasiado resultado (Hamás se está reorganizando incluso en zonas ya «peinadas» por el Ejército), el asalto a Rafah se ha convertido en un fetiche para el Gobierno Netanyahu, que, habiendo prometido una victoria, cree que puede ofrecer una catástrofe como sucedáneo.