Robo a taza alzada

Álvaro Boro

OPINIÓN

31 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

«Ayer, domingo, en el vermú alguien se llevó este calcetín de mi expo en La Menuda. Es una pena, sabía que podía ocurrir, porque estaba expuesto en un baño a una altura baja para disfrutarlo sentado. Pero me pudo más la ilusión y la sorpresa de exponerlo allí. Apenas ha durado cuatro días, ojalá lo devuelvan, pero creo que no pasará. Lo tenemos difícil como sociedad, en fin. Para los interesados: la exposición sigue durante cuatro semanas», estas fueron las palabras que el lunes Rodrigo de Miguel escribió en una storie de Instagram y que luego fijó como publicación en su perfil.

El jueves 23 se inauguró en La Menuda su exposición «A veces un pájaro se posa en una rama y piensa», donde el arquitecto y artista muestra una serie de dibujos breves que empezó a dar forma en febrero de 2015. En estos podemos ver un recorrido por su obra, un trabajo que abarca casi diez años de su vida, y en el que tiene pensado seguir trabajando. Con trazos simples, muy cercanos a la viñeta y a la labor de un dibujante, y un montaje sencillo y efectivo dejó encantados a todos los que se acercaron hasta allí. En palabras del autor: «Son como un haiku, poemas visuales. Dibujos breves que hago a diario y con los que trato de generar una reflexión en el espectador y en mí al realizarlos. Los pájaros y los peces aparecen muchas veces, haciendo de la repetición de éstos un patrón y una seña de identidad». Todo iba sobre ruedas: sus creaciones gustan y así se refleja en la gran acogida que tienen entre los que acuden a esta esquina del Fontán a paliar mucho más que el hambre y la sed.

Como ya les dije más veces, es un privilegio y una gran labor que existan bares como La Menuda, El Jamón o La Salvaje, que traten de acercar el arte y la cultura al ciudadano; barras en las que además de mover la muñeca se agita el intelecto y la amistad. Por esto me choca que alguien se haya llevado la pieza del baño, un robo a taza alzada del WC. Rompiendo así la confianza del artista en el público, en el ser humano, y mancillando la simbiosis con el local.

Aunque, por otro lado, este robo no deja de ser algo absolutamente disruptivo: en este momento donde parece que el arte, lo cultural, no interesa y cada día se pisotea más; hay un tipo o una tipa que, deslumbrado por la obra, en pleno momento mingitorio o acabando de alcanzar la inspiración, vaya usted a saber, decide que no puede vivir sin ese dibujo y cae rendido a la tentación de agenciárselo por la cara. Esperemos que esta sea la razón y no simplemente por joder y hacer la gracia, porque no merecería perdón.

Nadie espera que aparezca, pero al menos que esté disfrutando de lo que privó a otros.