Bares, qué lugares tan gratos para...

Cristina pedrosa Leis PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

Kiko Delgado | EFE

Los datos de empleo (o desempleo) y creación de negocios (o su destrucción) han pasado de las páginas salmón a la conversación común, pese a nuestra ignorancia en economía. Además de cuándo llegará el verano, tomando un café o una caña, comentamos estos días el llamativo dato de que el emprendimiento —antes vulgares autónomos o empresarios— se concentra en la hostelería, en nuevos bares.

En Galicia, en lo que llevamos de año, el número de autónomos ha crecido en más de dos mil, lo que parece un signo positivo de la economía. Pero visto al detalle, casi el 90 % se corresponde con autoempleo en la hostelería. Una abrumadora mayoría, de la mínima población que contempla practicar el deporte de riesgo que es la actividad por cuenta propia, ante semejante aventura, solo ve la opción de un bar como el oasis salvador.

Presumimos de la diversidad de opciones formativas tecnológicas. Pero al hablar de industria, donde tendrían encaje, encontramos un desierto. Un sector de la población que dice apostar por la innovación rechaza de plano la industria. La oposición a la implantación de nuevas industrias y a la energía eólica como fuente renovable que permite el desarrollo es una muestra significativa. Numerosas profesiones ligadas a la tecnología tendrían empleo en el sector y en las industrias que, electrificadas, podrían ser más eficientes y limpias.

Disfrutar de la vida y de un día soleado en la terraza de un bar, especialmente en Galicia, no es incompatible con una sociedad industrializada. El sector terciario, importante para el crecimiento, es por sí solo insuficiente para una sociedad del bienestar sólida. Ni fija población ni genera recursos suficientes. El sector primario y la industria son esenciales y compatibles.

Galicia es país de bares. El peso del sector terciario es abrumador. Vivimos de nuestro ocio y del atractivo para el turismo de masas. Pero no podemos ser solo eso, ni siquiera como vergel en una península donde avanza la desertización. Ser un paraíso natural es precioso, pero insuficiente. Cuidar la naturaleza es compatible con la actividad económica industrial. La evaluación ambiental es un proceso riguroso que fiscaliza que se dé esa compatibilidad en condiciones óptimas. A la generación X —por eso de compensar edad con modernez— nos cantaba Gabinete Caligari lo de «no hay como el calor del amor en un bar». Que la calidez de un bar no nos nuble la visión. Es esencial el empleo, incluido el autoempleo, en el sector industrial. No demonicemos la industria y toda la actividad asociada a la misma. Porque después solo nos quedará otra parte de la estrofa, la de «jefe, no se queje y sirva otra copita más».