En esta Semana Europea de la Movilidad queremos manifestar, una vez más, nuestra preocupación por el actual modelo. Un sistema que impera desde mediados del siglo XX, y que está centrado en el vehículo propio.
Este modelo, definitivamente, ha entrado en crisis. Y no es porque lo haya decidido la Comisión Europea, como se empeñan en insistir desde la derecha y la ultraderecha, sino porque nos encontramos ante un problema grave.
En primer lugar, este modelo es insostenible desde la perspectiva medioambiental. No olvidemos que un coche de gasolina, de media, emite un torno a 143 gramos de dióxido de carbono por kilómetro. Desde 2020, debido a la entrada en vigor de una nueva normativa de la Unión Europea, los fabricantes tuvieron que rebajar las emisiones hasta un límite de 95 gramos por kilómetro. Aún así, las cifras son desorbitadas.
No podemos olvidar la perspectiva económica. Los vehículos cada vez son más caros. Desde la fabricación, por la subida en las materias primas; hasta la adquisición, un vehículo de alta gama cuesta ya tanto como una pequeña vivienda. A esto se suma la subida del combustible. Todo esto hace que la adquisición y el mantenimiento de los vehículos suponga un estrés económico para las familias. Hay sectores sociales, la clase trabajadora e incluso la clase media, que están teniendo o tendrán graves dificultades para adquirir y mantener un vehículo propio.
Está cada vez más claro que urge cambiar el modelo. Y para cambiar el modelo, las administraciones deben apostar por el transporte público. Más en concreto, por el transporte ferroviario.
Llevamos tiempo ya defendiendo que el transporte ferroviario es el transporte del futuro. Porque es el menos contaminante, el más eficiente, sostenible y ecológico. Tan sólo produce el 0,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea.
No podemos responsabilizar a los y las asturianas por no usar el transporte público. Sí debemos responsabilizar a las administraciones, que llevan décadas dando la espalda a la problemática de la falta de sostenibilidad del modelo de movilidad actual.
Empezando por un sistema ferroviario deficitario; con averías constantes, retrasos y cancelaciones. Con una red obsoleta, mal conectada y una malla horaria que no atiende a las necesidades de la ciudadanía.
También tenemos el reto de la intermodalidad. El reto de programar y organizar las redes de transporte municipales para que coincidan con los servicios supramunicipales. De forma que las personas puedan usar el transporte público cada día para ir a trabajar, a estudiar o a resolver cuestiones de la vida diaria.
Esperamos que los que gobiernan hayan hecho más que aparecer en fotos y en algunos titulares hablando del medioambiente. Esperamos que hayan reflexionado de verdad, sobre la situación actual, y que tomen las medidas que estén en sus manos para avanzar hacia la sostenibilidad.
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